3. ¿Dónde se habla el mejor inglés?
El inglés carece de un referente de calidad absoluta respecto al cual se puedan evaluar las distintas variantes del idioma, de modo que es imposible decir que un grupo de angloparlantes nativos habla un inglés mejor que el de otro grupo de angloparlantes nativos.
A diferencia de muchas otras lenguas (el castellano respecto a Castilla, por ejemplo), el inglés no puede asociarse a una determinada zona del Reino Unido y eso significa que no se puede pensar que el inglés que allí se habla pueda ser considerado mejor o más puro, de ninguna de las maneras. El inglés originario fue una mezcla de dialectos que distintas tribus germánicas trajeron al territorio que actualmente configura el Reino Unido (no solo Inglaterra) en torno al siglo V y que, de forma natural, se mezclaron con la lengua celta de los conquistados. La posterior y considerable influencia de vikingos y normandos —por nombrar solo dos aportaciones— sobre el inglés tampoco se puede asociar a ninguna zona concreta del Reino Unido. De hecho, incluso en nuestros días, cuando el inglés que se habla a lo largo y ancho de las islas británicas ha alcanzado el mayor grado de homogeneidad que ha tenido nunca, persisten antiguas diferencias regionales, especialmente en pronunciación. Los orígenes de muchos de esos dialectos y coloquialismos locales también se remontan a la época de la invasión vikinga, lo que significa que no se les puede considerar menos auténticos que el inglés moderno que, de manera mayoritaria, hablan los británicos de la actualidad.
La cantidad y amplitud de los cambios experimentados por el inglés británico en los últimos trescientos años, aproximadamente, invalidan también los intentos de presentar al inglés americano como más moderno o inferior al inglés que se habla en Gran Bretaña. El uso americano de gotten, y la pronunciación americana de una expresión como hard winter /hard wɪntər/ son en realidad más antiguos que el got del inglés británico y la pronunciación de la misma expresión (/ha:d wintə/) en gran parte de Inglaterra.
A pesar de todo, podemos encontrar británicos que, con aire de superioridad, declararán que el inglés americano es inferior. Pueden llegar a decir que ellos fly off the handle (‘perder los estribos’, ‘ponerse como locos’) cuando detectan el uso de americanismos en el inglés británico y que se niegan a sit on the fence (‘no mojarse’, ‘mirar los toros desde la barrera’), sin darse cuenta de que esas dos expresiones, además de muchas otras, son, en realidad, de origen americano. En efecto, la aportación del inglés americano al vocabulario cotidiano del inglés británico es tan amplia que las acusaciones de inferioridad resultan poco convincentes: si el inglés americano es tan inferior, ¿por qué adopta el británico tantas palabras y expresiones suyas? Además de crear nuevos verbos a partir de sustantivos ya existentes (exit, feature, interview, pressure), o de recuperar palabras que el inglés británico había perdido (hire, quit, overly; y la frase I guess), hay muchas creaciones americanas que actualmente forman parte del inglés estándar británico de todos los días (babysitting, bossy, cafeteria, commuter, cute, disc jockey [DJ], intern, punk, seafood, tuxedo).
Por otra parte, ahí está la literatura americana, que ha dado autores como Emily Dickinson, Robert Frost, Maya Angelou, Herman Melville, Edgar Allen Poe, John Steinbeck, Mark Twain, Toni Morrison, Allen Ginsberg, Harper Lee y Walt Whitman —por nombrar solo a unos pocos— que salen más que bien parados en cualquier comparación con autores británicos; algo que demuestra, sobre todo, que, en manos de la persona adecuada, cualquier variante del inglés puede ser fresca, hermosa y estimulante.
PARA SABER MÁS
Sobre la pronunciación de la r ⇒ 381.
Sobre el uso de got y gotten ⇒ 230.