19

El mes de agosto se fue quemando en su propia fiebre. Desaparecía igual que iban desapareciendo los negros racimos de uva que colgaban del parral del huerto; lo mismo que se perdía la fragancia de las albahacas de Marta.

Pasada la Virgen de Agosto los días empezaron a acortar. Parecía como si el fuerte levante, que a partir de las once de la mañana se abatía sobre las playas, se empeñara en revolucionar el mar, convirtiendo en amenaza lo que hasta entonces había sido consuelo. De noche, el fresco obligaba a Beatriz a cubrir sus hombros con la toquilla de lana y a poner su butaca de mimbre en el portal, al abrigo del relente. Los demás seguían sentándose fuera. Incluso Alejandro, que luda aún sus vistosas chaquetas de pijama a rayas, de ojales adornados con pequeños brandeburgos a tono con el vivo del cuello y las solapas. Ahora que la fecha de embarque se hacía inminente, sentía tener que separarse de los suyos.

Aquella noche, mientras observaba los cautos movimientos de la salamanquesa adherida a la pared, junto a la bombilla encendida, pensaba que se estaba haciendo viejo. Como en un plano rodado a cámara lenta, la salamanquesa avanzaba despacio en busca de su presa, una palomilla nerviosa de alas cementas. La acechaba tenaz, pacientemente, sin perder ni el más insignificante de sus movimientos. Y de pronto, disparaba todo su cuerpo hada delante, distendía los músculos del cuello, y sus fauces se cerraban sobre unas alas rotas de antemano. «Quizá la muerte tenga esa misma frialdad», murmuró débilmente.

Beatriz levantó la cabeza del Blanco y Negro que hojeaba.

—¿Decías algo?

—No. Pero pensaba.

Marta creyó llegado el momento, y dijo que también ella estaba pensando algo. Su padre le sonrió.

—¿Algo que podamos saber?

—Algo que tenéis que saber.

Marta había cerrado el figurín y, pasado un instante, murmuró:

—Me carteo con un chico que quiere casarse conmigo.

—¿Lo sabe tu madre?

—No. Quería decíroslo a los dos. Y todo de golpe. Tiene veintisiete años, es muy formal y me quiere. Es sargento de Asalto. Respiró aliviada.

Alejandro cambió una mirada con su mujer. Luego dijo mirándose distraídamente las uñas:

—Los padres somos egoístas, Marta. Cuando se trata de nuestros hijos, por supuesto. Siempre queremos lo mejor para ellos. Un sargento, ¿qué quieres que te diga?

Alejandro recordaba el párrafo de la carta de Beatriz. «Como no quiero ocultarte nada, te hago saber que a tu hija la ronda un muchacho. Me he enterado de que es sargento de los Guardias de Asalto.» Pero de aquello no le había vuelto a hablar. Por eso miró por segunda vez a Beatriz, que se encogió de hombros levemente. Alejandro preguntó:

—¿Sientes algún afecto por él?

—Vino a verme el día de mi santo. Yo no sabía nada. Te lo prometo.

—Pero ¿tú le quieres? ¿Te sientes atraída por su forma de ser? ¿Por sus aten— dones? No sobraría que te explicaras.

Marta resumió en pocas palabras lo sucedido con Diéster. Habló de los viajes a la escuela con Tito, de cómo la siguió después, del respeto que le demostró en todo momento y de su intervención en las dos detenciones de Juan.

—Según me ha dado a entender, es de familia humilde. Se ha hecho solo. Ahora me dice que si se abren las escuelas para hacerse oficiales piensa ingresar. Y será oficial. Aparte del respeto que me tiene, lo que más admiro en él es su fuerza de voluntad.

Miró a su padre.

—En cuanto a si le quiero, eso no lo sé todavía muy bien. En cierto modo, me siento unida a él. Y me alegra recibir sus cartas. Te daré una para que la leas. Escribe, ¿cómo te diría yo? Escribe como si fuera una persona mayor. O es que a mí me tiene por una cría. No sé.

Alejandro se encogió de hombros.

—¿Qué puedo decirte?

—Si puedo seguir carteándome con él.

—Haz lo que te parezca. Pero no te precipites. Antes me gustaría conocerlo. Hablar con él. Por lo demás, ya sabes que, en ausencia mía, la única que decide aquí es tu madre.

Beatriz intervino para decir que para las vacaciones de Navidad podría visitarla.

—Aquí. En casa. Papá siempre viene por esas fechas. Y estaremos todos.

Hizo una pausa.

—Pero antes, no, Marta. Noviazgos a escondidas, quiero decir, fuera de casa, eso no me gusta. Además, esto es un pueblo. Ya sabes la gente cómo es.

En aquel momento crujió la grava del camino de entrada. Eran Carlos y Pilar, que venían del pueblo. Pilar saludó tímidamente y pasó por detrás del sillón de Alejandro para entrar en casa. Carlos, muy sofocado, empezó a explicar la película que habían visto. Dijo que se habían reído mucho con Miguel Ligero y que la Imperio Argentina tenía cara de clown. Lo que se calló fue lo sucedido entre él y la muchacha. Habían tomado un atajo para adelantar, y cuando se adentraron por las bancaladas de olivos, Carlos la cogió de la cintura. Anduvieron unos pasos en silencio, y de repente ella se paró. A la luz de las estrellas, Pilar le pareció la muchacha más bonita del mundo. Pero seguía teniéndole miedo. Ella respiraba agitadamente, sin despegar los labios, mirándole con fijeza. Había apretado los dientes y sus ojos llameaban. En vista de que Carlos seguía frente a ella inmóvil, como clavado en la tierra, Pilar empezó a desabrocharse la blusita rosa de satén que llevaba puesta. «Si quieres, podemos hacerlo aquí», dijo de un tirón. El temor de Carlos se había convertido en auténtico pánico. «¿Hacerlo?», replicó atragantándose. Entonces ella le echó los brazos al cuello. Rodaron sobre la tierra suelta del bancal. Carlos confesó que sólo quería verla desnuda. «Y, si quieres, podemos tocarnos.» Ella se quitó la falda. Sus dorados muslos estaban ahora blancos, y di sexo se le transparentaba bajo las bragas. Carlos se las bajó despacio. Cuando las yemas de sus dedos se hundieron entre el vello, oyó un gemido de Pilar. Luego sintió la vibración de su cuerpo, sus convulsiones. De repente, ella se levantó y echó a correr con la ropa en la mano. Carlos no supo dónde y cuándo se vistió. Ni cómo consiguió llegar a «El Mirador» al mismo tiempo que él.

Mientras se dirigía al comedor oyó detrás los apresurados pasos de su madre. Se volvió.

—Sacúdete la tierra, sinvergüenza —le increpó Beatriz—. Y espérame en la sala, que tenemos que hablar muy seriamente. Ahora voy a ver a Pilar.

Los labios de Carlos se contrajeron en una mueca mezcla de fastidio y miedo.

Generaciones
titlepage.xhtml
sec_0001.xhtml
sec_0002.xhtml
sec_0003.xhtml
sec_0004.xhtml
sec_0005.xhtml
sec_0006.xhtml
sec_0007.xhtml
sec_0008.xhtml
sec_0009.xhtml
sec_0010.xhtml
sec_0011.xhtml
sec_0012.xhtml
sec_0013.xhtml
sec_0014.xhtml
sec_0015.xhtml
sec_0016.xhtml
sec_0017.xhtml
sec_0018.xhtml
sec_0019.xhtml
sec_0020.xhtml
sec_0021.xhtml
sec_0022.xhtml
sec_0023.xhtml
sec_0024.xhtml
sec_0025.xhtml
sec_0026.xhtml
sec_0027.xhtml
sec_0028.xhtml
sec_0029.xhtml
sec_0030.xhtml
sec_0031.xhtml
sec_0032.xhtml
sec_0033.xhtml
sec_0034.xhtml
sec_0035.xhtml
sec_0036.xhtml
sec_0037.xhtml
sec_0038.xhtml
sec_0039.xhtml
sec_0040.xhtml
sec_0041.xhtml
sec_0042.xhtml
sec_0043.xhtml
sec_0044.xhtml
sec_0045.xhtml
sec_0046.xhtml
sec_0047.xhtml
sec_0048.xhtml
sec_0049.xhtml
sec_0050.xhtml
sec_0051.xhtml
sec_0052.xhtml
sec_0053.xhtml
sec_0054.xhtml
sec_0055.xhtml
sec_0056.xhtml
sec_0057.xhtml
sec_0058.xhtml
sec_0059.xhtml
sec_0060.xhtml
sec_0061.xhtml
sec_0062.xhtml
sec_0063.xhtml
sec_0064.xhtml
sec_0065.xhtml
sec_0066.xhtml
sec_0067.xhtml
sec_0068.xhtml
sec_0069.xhtml
sec_0070.xhtml
sec_0071.xhtml
sec_0072.xhtml
sec_0073.xhtml
sec_0074.xhtml
sec_0075.xhtml
sec_0076.xhtml
sec_0077.xhtml
sec_0078.xhtml
sec_0079.xhtml
sec_0080.xhtml
sec_0081.xhtml
sec_0082.xhtml
sec_0083.xhtml
sec_0084.xhtml
sec_0085.xhtml
sec_0086.xhtml
sec_0087.xhtml
sec_0088.xhtml
sec_0089.xhtml
sec_0090.xhtml
sec_0091.xhtml
sec_0092.xhtml
sec_0093.xhtml
sec_0094.xhtml
sec_0095.xhtml
sec_0096.xhtml
sec_0097.xhtml
sec_0098.xhtml
sec_0099.xhtml
sec_0100.xhtml
sec_0101.xhtml
sec_0102.xhtml
sec_0103.xhtml
sec_0104.xhtml
sec_0105.xhtml
sec_0106.xhtml
sec_0107.xhtml
sec_0108.xhtml
sec_0109.xhtml
sec_0110.xhtml
sec_0111.xhtml
sec_0112.xhtml
sec_0113.xhtml
sec_0114.xhtml
sec_0115.xhtml
sec_0116.xhtml
sec_0117.xhtml
sec_0118.xhtml
sec_0119.xhtml
sec_0120.xhtml
sec_0121.xhtml
sec_0122.xhtml
sec_0123.xhtml
sec_0124.xhtml
sec_0125.xhtml
sec_0126.xhtml
sec_0127.xhtml
sec_0128.xhtml
sec_0129.xhtml
sec_0130.xhtml
sec_0131.xhtml
sec_0132.xhtml
sec_0133.xhtml
sec_0134.xhtml
sec_0135.xhtml
sec_0136.xhtml
sec_0137.xhtml
sec_0138.xhtml
sec_0139.xhtml
sec_0140.xhtml
sec_0141.xhtml
sec_0142.xhtml
sec_0143.xhtml
sec_0144.xhtml
sec_0145.xhtml
sec_0146.xhtml
sec_0147.xhtml
sec_0148.xhtml
sec_0149.xhtml
sec_0150.xhtml
sec_0151.xhtml
sec_0152.xhtml
sec_0153.xhtml
sec_0154.xhtml
sec_0155.xhtml
sec_0156.xhtml
sec_0157.xhtml
sec_0158.xhtml
sec_0159.xhtml
sec_0160.xhtml
sec_0161.xhtml
sec_0162.xhtml
sec_0163.xhtml
sec_0164.xhtml
sec_0165.xhtml
sec_0166.xhtml
sec_0167.xhtml
sec_0168.xhtml
sec_0169.xhtml
sec_0170.xhtml
sec_0171.xhtml
sec_0172.xhtml
sec_0173.xhtml
sec_0174.xhtml
sec_0175.xhtml
sec_0176.xhtml
sec_0177.xhtml
sec_0178.xhtml
sec_0179.xhtml
sec_0180.xhtml
sec_0181.xhtml
sec_0182.xhtml
sec_0183.xhtml
sec_0184.xhtml
sec_0185.xhtml
sec_0186.xhtml
sec_0187.xhtml
sec_0188.xhtml
sec_0189.xhtml
sec_0190.xhtml
sec_0191.xhtml
sec_0192.xhtml
sec_0193.xhtml
sec_0194.xhtml
sec_0195.xhtml
sec_0196.xhtml
sec_0197.xhtml
sec_0198.xhtml
sec_0199.xhtml
sec_0200.xhtml
sec_0201.xhtml
sec_0202.xhtml
sec_0203.xhtml
sec_0204.xhtml
sec_0205.xhtml
sec_0206.xhtml
sec_0207.xhtml
sec_0208.xhtml
sec_0209.xhtml
sec_0210.xhtml
sec_0211.xhtml
sec_0212.xhtml
sec_0213.xhtml
sec_0214.xhtml
sec_0215.xhtml
sec_0216.xhtml
sec_0217.xhtml
sec_0218.xhtml
sec_0219.xhtml
sec_0220.xhtml
sec_0221.xhtml
sec_0222.xhtml
sec_0223.xhtml
sec_0224.xhtml
sec_0225.xhtml
sec_0226.xhtml
sec_0227.xhtml
sec_0228.xhtml
sec_0229.xhtml
sec_0230.xhtml
sec_0231.xhtml
sec_0232.xhtml
sec_0233.xhtml
sec_0234.xhtml
sec_0235.xhtml
sec_0236.xhtml
sec_0237.xhtml
sec_0238.xhtml
sec_0239.xhtml
sec_0240.xhtml
sec_0241.xhtml
sec_0242.xhtml
sec_0243.xhtml
sec_0244.xhtml
sec_0245.xhtml
sec_0246.xhtml
sec_0247.xhtml
sec_0248.xhtml
sec_0249.xhtml
sec_0250.xhtml
sec_0251.xhtml
sec_0252.xhtml
sec_0253.xhtml
sec_0254.xhtml
sec_0255.xhtml
sec_0256.xhtml
sec_0257.xhtml
sec_0258.xhtml
sec_0259.xhtml
sec_0260.xhtml
sec_0261.xhtml
sec_0262.xhtml
sec_0263.xhtml
sec_0264.xhtml