148. SAND A FLAUBERT
[Nohant, 8 de diciembre de 1874]
Pobre amigo querido,
Te amo más cuanto más desdichado te vuelves. ¡Cómo te atormentas y cómo te afecta todo! Porque todo eso de lo que te lamentas es la vida. Y nunca ha sido mejor para nadie y en ninguna época. Uno la siente más o menos, uno la comprende más o menos, y cuanto más está uno por delante del tiempo en que vive, más sufre. Pasamos como sombras sobre un fondo de nubes que el sol rasga poco y raramente, y lloramos sin cesar por ese sol que no puede hacer más. Porque está en nuestras manos despejar nuestras nubes.
Tú amas demasiado la literatura; ella te matará y tú no matarás la idiotez humana. Pobre querida idiotez, que yo no odio, y que miro con ojos maternales. Porque es una infancia, y toda infancia es sagrada. ¡Qué odio le profesas, qué guerra le has declarado! Tú tienes demasiado saber e inteligencia, mi Botija, y olvidas que hay algo más allá del arte, esto es, la sabiduría, de la cual el arte, en su apogeo, no es más que la expresión. La sabiduría lo comprende todo, lo bello, lo verdadero, el bien y el entusiasmo en consecuencia. Ella nos enseña a ver más allá de nosotros algo más elevado, y a asimilarlo poco a poco mediante la contemplación y la admiración.
Pero no conseguiré cambiarte. No conseguiré ni siquiera hacerte comprender cómo alcanzo y disfruto la felicidad, es decir, la aceptación de la vida, tal como es. Hay alguien que podría cambiarte y salvarte, es el viejo Hugo, porque él tiene un lado de gran filósofo, además de ser un gran artista, cosa que yo no soy. Debes verlo a menudo. Creo que eso te calmará. Yo no tengo suficiente energía para persuadirte. Él, creo que ha conservado su furia y que a la vez ha adquirido la dulzura y la mansedumbre de la vejez.
Debes verlo con frecuencia, y contarle tus penas, que son grandes, lo veo claramente, y que tienden demasiado al spleen. Piensas demasiado en los muertos, los crees llegados al reposo eterno. No lo tienen. Ellos son como nosotros, ellos buscan. Siguen buscando.
Todo mi mundo está bien y te envía abrazos. Yo no me he curado del todo aún, pero espero, curada o no, poder caminar lo suficiente para ir a despertar a mis nietas, y para quererte, mientras me quede un suspiro.