143. FLAUBERT A SAND
[Kaltbad Rigi (Suiza), viernes 3 de julio de 1874]
¿Es verdad, querida maestra, que la semana pasada estuvo usted en París? Pasé de camino hacia Suiza y leí en “un papel” que usted había ido a ver Les Deux Orphelines, que había dado un paseo por el Bois de Boulogne, cenado en Magny, etc., lo que demuestra que, gracias a la libertad de prensa, uno no es dueño de sus acciones. De ello resulta que el padre Botija le guarda a usted rencor por no haberle avisado de su presencia en la “nueva Atenas”. Me ha parecido que allí todo el mundo era más imbécil y más vulgar que de costumbre. ¡La Política ha llegado al embrutecimiento! Me han mareado con el retorno del Imperio. ¡Dudo que eso ocurra! Sin embargo… En ese caso habría que exiliarse. Pero ¿cómo, y adónde?
[…]
Hace quince días hice un pequeño viaje por la Baja Normandía, donde descubrí finalmente un lugar propicio para ¡hacer vivir a mis dos personajillos! Será entre el valle del Orne y el valle del Auge. Tendré que volver más veces. ¡A partir de septiembre tengo que empezar esa ruda tarea! Me da miedo, en realidad; estoy abrumado de antemano.
Como usted ya conoce Suiza, es inútil que le hable de ella. Y usted se me enfadaría si le dijera cómo llega a aburrirme. He venido por obediencia, porque me lo han ordenado, para descongestionarme y calmar mis nervios. Dudo que el remedio sea eficaz, pero, en todo caso, habrá sido mortalmente fastidioso.
No soy un hombre de Naturaleza. Y no me interesa nada de un país que no tiene historia. Daría todos los glaciares de Suiza por el museo del Vaticano. […]
Hace tiempo que no recibo cartas suyas, querida maestra. Envíeme una larguísima.
Un tierno abrazo.
Su viejo