7. FLAUBERT A SAND
[Croisset, 12-13 de noviembre de 1866]
Noche de lunes
Está usted triste, mi pobre amiga, mi querida maestra. Pensé en usted al conocer la muerte de Duveyrier. La compadezco, pues sé que lo amaba. Su pérdida se une a tantas otras. ¡Cuántas muertes como ésa tenemos en el corazón! Cada uno de nosotros lleva dentro su propia necrópolis.
Yo me encuentro todo descoyuntado desde su partida. ¡Me parece que no la he visto desde hace diez años! Mi único tema de conversación con mi madre es usted. Aquí todos la quieren. ¿Bajo qué constelación nació usted para reunir en su persona cualidades tan diversas, tan numerosas, y tan raras? No sé qué tipo de sentimiento le aporto, pero yo siento por usted una ternura particular y que no he sentido antes por nadie. Nos entendimos bien, ¿no es cierto? Fue muy agradable.
Fue tan bueno que no quiero compartir ese placer con nadie. Si se sirve usted de Croisset en algún libro, disfrácelo, para que nadie lo reconozca. Se lo agradeceré. El recuerdo de su presencia aquí es para nosotros dos, para mí. Tal es mi egoísmo.
La eché de menos sobre todo ayer por la tarde, hacia las diez. Hubo un incendio en el almacén de madera vecino. El cielo se puso rosa y el Sena de color de jarabe de grosella. Trabajé con los bomberos durante tres horas, y regresé a casa más rendido que el Turco de la Jirafa.[18][19]
¿Qué han dicho de su obra[20][21] Chilly y Duquesnel?[22][23] ¿Cuándo la estrenarán? ¿Qué hace usted ahora? Las escenas de la Revolución, sin duda…[24][25]
Un periódico de Rouen (Le Nouvelliste) ha relatado su visita a Rouen; aunque el sábado, tras haberla dejado, me encontré a unos cuantos Burgueses indignados conmigo, porque no la había exhibido a usted. Lo mejor me lo dijo un magistrado anciano: «¡Ah!, si hubiéramos sabido que ella estaba aquí… nosotros le habríamos… le habríamos… —buscó la palabra durante cinco minutos— “nosotros le habríamos… sonreído”». No es que sea mucho, ¿verdad?
[…] Amarla a usted más me resulta difícil. Pero la abrazo muy tiernamente. Su carta de esta mañana, tan melancólica, me ha llegado al fondo. ¿Acaso nos separamos en el momento en que nos iban a venir a los labios multitud de nuevas cosas? Aún no se han abierto todas las puertas entre nosotros. Me inspira usted un gran respeto y no oso hacerle preguntas.
Adiós, beso su bello y dulce rostro y soy
suyo