118. FLAUBERT A SAND
[París, 3 de marzo de 1872]
Querida maestra,
He recibido los dibujos fantásticos. Me han divertido mucho. ¿Puede ser que haya un simbolismo profundo escondido en los dibujos de Maurice? En todo caso, yo no lo he descubierto… ¡Ensueños! Hay dos monstruos muy divertidos: 1.º un feto en forma de balón y a cuatro patas; 2.º una calavera unida a un intestino.
¡Maurice no debe de estar tan enfermo como usted dice, si se divierte así! ¡Entiendo, no obstante, que esos perpetuos dolores de garganta la atormenten a usted! ¿No son el resultado de una mala dieta? Yo culpo a los cigarrillos. ¿Por qué no fumar en largas pipas de madera? Es lo que irrita menos la garganta.
[…]
Estoy preocupado por Théo. Me parece que ha envejecido extrañamente. Debe de estar muy enfermo, de una enfermedad del corazón, sin duda. ¡Otro que se apresura a dejarme!…
¡No! La Literatura no es lo que amo más del mundo. Me expliqué mal (en mi última carta). Le hablaba a usted de distracciones, y de nada más. No soy tan repelente como para preferir las frases a los Seres. Con la edad, mi sensibilidad se exaspera. Pero la materia es sólida y la máquina sigue funcionando. Por otra parte, después de la guerra de Prusia, no puede haber peor embrutecimiento.
[…] ¡Oh, calma del gran Goethe, nadie puede admirarte más que yo, puesto que nadie te posee menos!
¡Y la Crítica de la razón pura del tal Kant traducida por Barni es una lectura más espesa que La vie parisienne de Marcelin! ¡No importa! ¡Llegaré a entenderla!
He acabado el esbozo de la última parte de San Antonio. Tengo prisa por ponerme a escribir. ¡Hace tanto que no escribo! ¡Echo de menos el estilo!
¡Y a usted, aún más, querida y buena maestra! Deme noticias de Maurice. […]
Un fuerte abrazo a todos.
Su viejo trovador
siempre intranquilo, siempre HHHindignado como san Policarpo.