37. FLAUBERT A SAND
[Dieppe, lunes 10 de agosto de 1868]
Pues sí, querida maestra, he estado en París con este calor trop Picale (como dice el señor Amat, gobernador del palacio de Versalles),[67] y he sudado un montón. Estuve dos veces en Fontainebleau. Y la segunda, siguiendo el consejo de usted, vi las dunas de Arbonne. Es tan bello que estuve al borde del vértigo.
He estado también en Saint-Gratien. Ahora heme aquí en Dieppe y el miércoles estaré en Croisset, para no salir de aquí a un buen tiempo: he de avanzar con la novela.
Ayer vi a Dumas. Hablamos de usted, por supuesto. Y como lo volveré a ver mañana, volveremos a hablar de usted.
Me expliqué mal si le dije a usted que mi libro «acusará a los patriotas de todo el mal». No me creo con el derecho de acusar a nadie. Tampoco creo que el novelista deba expresar su opinión sobre las cosas del mundo. Puede comunicarla, pero no me gustan los que la dicen (esto forma parte de mi poética personal).
Yo me limito, pues, a exponer las cosas tal como se me presentan, a expresar lo que me parece Verdadero. Me dan igual las consecuencias. Ricos o pobres, vencedores o vencidos, yo no admito nada de eso. No quiero tener amor ni odio, ni piedad, ni cólera. En cuanto a la simpatía, eso es distinto. La he tenido por ellos, y en abundancia. Los Reaccionarios, por su parte, serán todavía tratados con menos miramientos. Porque me parecen más criminales.
¿No habrá llegado el tiempo de hacer entrar la Justicia en el Arte? ¿No se acercaría en ese caso la imparcialidad de la Pintura a la Majestad de la Ley, y a la precisión de la Ciencia?
En fin, como tengo una confianza absoluta en su gran espíritu, cuando mi tercera parte esté acabada se la leeré a usted, y si hay en mi trabajo cualquier cosa que le parezca malvada, la quitaré. Pero estoy convencido de antemano de que no me hará ninguna objeción. En cuanto a las alusiones personales, no hay ni sombra de ellas.
El príncipe Napoleón, a quien vi el jueves en casa de su hermana, me pidió noticias de usted y elogió a Maurice. La princesa Mathilde me dijo que la encontraba a usted “encantadora”, lo cual hace que la quiera un poco más que antes.[68]
¿Cómo? ¿Los ensayos de Cadio le impedirán venir a ver a su pobre viejo este otoño? ¡No puede ser, no puede ser!
Conozco a Fréville. Es un hombre excelente y muy culto.
La beso a usted tiernamente en las dos mejillas.