142. FLAUBERT A SAND
[Croisset, 26 de mayo de 1874]
Martes
Querida maestra,
¡Heme aquí de nuevo en mi soledad! Pero estaré aquí poco tiempo, porque de aquí a un mes iré a pasar veinte días al Rigi para respirar un poco, esparcirme, ¡desneuropatizarme! Hace mucho tiempo que no he tomado el aire. Me siento fatigado. Necesito un poco de reposo.
Después de eso, me pondré a trabajar en mi gran libro que me exigirá, al menos, cuatro años. ¡Tendrá eso de bueno!
Le Sexe faible, enviado al Vaudeville por Carvalho, me ha sido devuelta, y me la ha devuelto igualmente Perrin, del Théâtre-Français, que encuentra la obra escabrosa y poco conveniente. «¡Sacar a escena una cuna y una nodriza en Francia!, ¡qué se ha creído usted!». Así pues, la he llevado a Duquesnel, que aún no me ha respondido.
¡Cómo se extiende la Desmoralización del teatro! Los burgueses de Rouen, incluido mi hermano, me han hablado del fracaso de Le Candidat en voz baja (sic), con aire contrito, como si hubiese comparecido ante un juzgado de lo penal acusado de fraude. No tener éxito es un crimen, y el éxito es el criterio del Bien. Lo cual me parece sumamente grotesco.
[…]
El buen Turguéniev debe de estar ahora en San Petersburgo. Me ha enviado desde Berlín un artículo favorable sobre San Antonio. No es el artículo que más me ha complacido, pero, en fin, es de él. Nos hemos visto mucho este invierno. Y lo quiero cada vez más.
También frecuento al viejo Hugo, que es (aunque le falta criterio político) un hombre encantador.
[…]
¡Ah, cuántas ganas tengo de verla a usted y de que charlemos largamente! El mundo está mal hecho. ¿Por qué no vivir con los que uno ama? ¡La abadía de Theleme[120] es un bello sueño!, pero nada más que un sueño.
Un fuerte abrazo de mi parte para las pequeñas,
y todo suyo, su
Botija.[121]
¿Cómo va la edición del libro de Maurice sobre las mariposas?