89. FLAUBERT A SAND
[Croisset, 17 de agosto de 1870]
Miércoles
Llegué a París el lunes y volví el miércoles. ¡Ahora conozco el fondo del parisino! Y he excusado, en mi corazón, a los más feroces políticos del 93. ¡Ahora los comprendo! ¡Cuánta estupidez! ¡Cuánta ruindad! ¡Cuánta ignorancia! Mis compatriotas me provocan ganas de vomitar. Hay que meterlos en el mismo saco que Isidore.
¿Merece quizá este pueblo ser castigado? ¿Y tengo yo miedo de que lo sea?
Me resulta imposible leer cualquier cosa, y menos escribir. Paso el tiempo como todo el mundo, esperando las noticias. ¡Ah, si no tuviera a mi madre, a fe que me habría ido!
Sin saber en que ocuparme, me he alistado como enfermero en el Hôtel-Dieu de Rouen, donde mi colaboración no será inútil. Mi hermano no tiene ya alumnos. Mi inacción me asfixia hasta lo insoportable.
Si se llega a dar el sitio de París, iré a la línea de fuego. Mi fusil está preparado. Pero, mientras, permanezco aquí en Croisset, donde debo estar. Ya le diré por qué.
He visto en la capital ignominias que envejecen a un hombre.
Y no estamos más que en el primer acto, porque luego entraremos en la ignominia social. ¡La cual será seguida de una reacción vigorosa y larga!
He aquí a donde nos ha llevado el Sufragio Universal, ¡nuevo Dios que me parece tan bárbaro como el viejo! ¡No importa! ¿Cree usted que será desmantelado, el buen Sufragio Universal? ¡En absoluto! ¡Después de Isidoro tendremos a Paleto I!
¡Lo que más me apena de esta guerra es que los prusianos tienen razón! ¡Y después de ellos, los rusos! ¡Ah, cómo me gustaría reventar para no pensar más en todo esto!
En Nohant deben de estar menos atormentados que nosotros por la cuestión pecuniaria. Todos los obreros del Sena Inferior van a pedir limosna en pocos días. Mi sobrino Commanville se comporta valerosamente. Él hace trabajar a los suyos, a pesar de todo. Mi hermano ha abandonado a sus pacientes y no se ocupa más que de asuntos públicos.[97] Rouen arma y entrena, a su costa, a toda su población movilizable. Es una idea que aún no se ha practicado en ningún otro municipio.
La pobre literatura está prácticamente abandonada, querida maestra. ¡El San Antonio no tiene más que 14 páginas! Imposible avanzar.
¿Dónde está Maurice?
Deme noticias frecuentes de usted y abrace por mí a sus queridas pequeñas.
Todo suyo,