117. SAND A FLAUBERT
[Nohant, 28-29 de febrero de 1872]
Miércoles a jueves, 3 de la madrugada
¡Ah, querido viejo, he pasado doce tristes días! Maurice ha estado muy enfermo. Siempre esas dichosas anginas que en principio no parecen nada y que se complican con abscesos y tienden a volverse malignas. No ha estado en peligro, pero sí al borde de él, con todos los sufrimientos crueles, extinción de la voz, imposibilidad de tragar, todas las molestias asociadas a los dolores violentos de garganta que tú conoces bien, porque los has sufrido a veces. En él, el mal tiende a hacerse peor, y la mucosa ha sido tantas veces atacada por el mismo mal, que no tiene energía para rehacerse. No obstante, poco o nada de fiebre, y ha estado casi siempre en pie, con el abatimiento moral de un hombre habituado a una acción continua del cuerpo y del espíritu, a quien el espíritu y el cuerpo le prohíben actuar. Lo hemos cuidado tan bien que creo que ya está curado, aunque esta mañana aún he tenido mis dudas y he mandado llamar al doctor Favre, nuestro salvador ordinario.
Durante estos días le he hablado, para distraerlo, de tus investigaciones sobre los monstruos; ha recuperado sus carpetas para buscar algo que te pudiera ayudar; pero no ha encontrado más que puras fantasías de su propia invención. Yo las he encontrado tan originales y tan divertidas, que lo he animado a enviártelas. No te servirán de nada, si no es para reírte un buen rato, en tus horas de descanso.
Espero que no tenga una recaída. Es el alma y la vida de la casa. Cuando enferma, estamos todas muertas, madre, mujer e hijas. Aurore dijo que preferiría estar ella enferma en lugar de su padre. Nosotros cinco nos amamos apasionadamente, y la sacrosanta literatura, como tú la llamas, es secundaria para mí en la vida. Siempre he amado a alguien más que a ella, y a mi familia más que a nadie.
¿Por qué tu pobre madrecita está tan irritable y desesperada, con una vejez que yo vi tan fresca aún y tan despierta? ¿Es la sordera súbita? ¿Tiene una falta total de filosofía y de paciencia ante las enfermedades? Sufro por ello contigo, porque comprendo cuánto sufres tú.
Otra vejez que empeora por momentos, porque se hace malvada, es la de la señora Colet. Yo creía que todo su odio era contra mí, y me parecía de locos, porque nunca le he hecho nada, no he dicho nada contra ella, ni siquiera después de ese orinal de libro donde excretó todo su furor sin causa alguna.[104] ¿Qué tiene contra ti, teniendo en cuenta que vuestra relación es agua pasada? ¡Strange, strange! ¿Y a Bouilhet? ¿Lo odiaba también ella, a ese pobre poeta? Está loca.
Ya puedes imaginar que no he podido escribir ni una línea, en estos doce días. Confío en volver a la faena cuando haya terminado mi novela, que se quedó inconclusa en las últimas páginas. Va a empezar a publicarse y todavía no he terminado de escribirla. Estoy trabajando todas las noches hasta el amanecer; pero no tengo el espíritu suficientemente tranquilo para distraerme de mi enfermo.
[…]
Explícame cómo es que el viejo Hugo no ha recibido una sola visita después de Ruy Blas. ¿Es que Gautier, Saint-Victor, sus fieles, lo dejan de lado? ¿Tiene que ver con la política?
[sin firma]