136. FLAUBERT A SAND
[París, 28 de febrero de 1874]
Sábado por la tarde
El estreno de Le Candidat será el viernes próximo, a menos que sea el sábado. O quizá el lunes. Ha sido retrasado por una indisposición de Delannoy. Y por L’Oncle Sam. ¡Porque hay que esperar a que el tal Sam baje de los 1500 francos!
Creo que mi obra será bastante bien representada. Eso es todo. En cuanto a lo demás, no tengo ni idea. Y estoy muy tranquilo por lo que respecta al resultado, indiferencia que me asombra bastante.
Si no estuviera abrumado por toda la gente que me pide entradas, me olvidaría totalmente de que voy a comparecer sobre las tablas, y me libraría a las risotadas del populacho. ¿Es eso estoicismo o fatiga?
He tenido (y aún arrastro) la gripe. De lo cual resulta, para su Botija, una lasitud general, acompañada de una violenta (o más bien profunda) melancolía. Mientras escupo y toso al lado del fuego, medito sobre mi juventud. ¡Recuerdo a todos mis muertos, resbalo hacia la Oscuridad! Puede ser el resultado de demasiada actividad desde hace ocho meses, o de la ausencia radical del elemento femenino en mi vida, pero jamás me había sentido más abandonado, más vacío y más deshecho. ¡Lo que usted me decía (en su última carta) sobre sus queridas niñitas me ha removido el fondo del alma! ¿Por qué yo no tengo eso? ¡Nací sin embargo con toda la ternura! Pero uno no decide su destino. Fui cobarde en mi juventud. ¡Tenía miedo de la Vida! Todo se paga.
Hablemos de otra cosa. Será más divertido.
S. M. el emperador de todas las Rusias no ama a las Musas. La Censura del “autócrata del Norte” ha prohibido formalmente la traducción del San Antonio, las pruebas me llegaron de San Petersburgo, el domingo pasado. También la edición francesa será prohibida allí. Es una pérdida grave de dinero para mí. Fue de muy poco que la Censura francesa prohibiera mi obra de teatro. El amigo Chennevières[115] me echó una buena mano. Sin él, no habría sido representada. Botija disgusta al Orden. ¿No es absurdo este odio ingenuo de la Autoridad, de todo gobierno, sea cual sea, contra el Arte?
¿Ha leído usted Noventa y tres, del viejo Hugo? Me gusta más este libro que los últimos suyos. Hay unas cuantas cosas bellas en el primer volumen. Pero todos los personajes hablan como Hugo. No tiene el don de hacer personajes verdaderos.
Ahora leo libros de higiene. ¡Oh, qué cómico! ¡Qué desfachatez la de los médicos! ¡Qué caradura! ¡Qué pandilla de asnos, la mayoría! He acabado La Gaule poétique de Marchangy (¡el enemigo de Béranger!). Ese libro me ha provocado accesos de risa. Para meterme en algo más fuerte, he releído al inmenso, al sacrosanto, al incomparable Aristófanes. ¡He ahí un hombre! ¡Qué mundo aquel en que se producían obras como ésa!
[…]
He visto al príncipe Napoleón. Lo he encontrado delgado y moreno. Me pidió noticias de usted. Hemos hablado poco de política, gracias a Dios.
La beso en las dos mejillas, con ternura.
Su viejo