24. FLAUBERT A SAND
[París, 13 de abril de 1867]
Sábado
Querida maestra,
Usted debería, ciertamente, ir a tomar el sol en cualquier parte. ¡No tiene sentido estar siempre sufriendo! ¡Viaje, pues, descanse! La resignación es la peor de las virtudes.
¡A mí, en cambio, me iría bien tener un poco de ella para soportar todas las imbecilidades que oigo! No se imagina usted a qué punto pueden llegar. Francia, que a veces ha sido presa de la histeria religiosa (como bajo Carlos VI), parece hoy tener parálisis cerebral. Todo el mundo está idiotizado por el miedo: miedo a Prusia, miedo a las huelgas, miedo de la Exposición “que no va bien”, miedo de todo. Hay que remontarse a 1849 para encontrar un grado parecido de cretinismo.
Hemos tenido en la última cena en Magny tales conversaciones de portero que me he jurado interiormente no volver a poner los pies allí. ¡No hubo otro tema, todo el rato, que Bismarck y Luxemburgo! ¡Aún resuena en mis oídos! ¡Además se me hace tan complicado vivir! Lejos de embotarse, mi sensibilidad se agudiza. Un montón de cosas insignificantes me hacen sufrir. ¡Perdóneme la debilidad, usted que es tan Fuerte y tan tolerante!
La novela no va del todo bien. Me he sumergido en la lectura de periódicos del 48. He tenido que hacer (y aún no he acabado) distintas excursiones: a Sèvres, a Creil, etc.
El viejo Sainte-Beuve prepara un discurso sobre el Librepensamiento que leerá en el Senado, a propósito de la ley de la prensa. Ha sido muy audaz, sépalo usted.
Dígale a su hijo Maurice que lo quiero mucho. Primero porque es su hijo, y segundo porque es él. Me parece bueno, espiritual, cultivado, nada engreído, en fin, encantador. “Y con talento”.[51][52]
Ciertamente, iré a Nohant. Pero ¿cuándo vendrá usted a París?
Mil abrazos de
su