47. SAND A FLAUBERT
[Nohant, 17 enero de 1869]
El individuo llamado G. Sand se encuentra bien, disfruta del maravilloso invierno que reina en Berry, recoge flores, anota anomalías botánicas interesantes, cose vestidos y abrigos para su nuera, trajes para las marionetas, recorta decorados, viste a las muñecas, lee música, pero sobre todo pasa las horas con la pequeña Aurore, que es una niñita sorprendente. No hay ser más sereno y más feliz en su interior que este viejo trovador retirado de los asuntos del mundo, que canta de tanto en tanto su pequeño romance a la luna, sin preocuparse de cantar bien o mal, porque canta lo que le pasa por la cabeza, y que, el resto del tiempo, pasea deliciosamente. No ha estado nunca tan bien como ahora. Cometió la estupidez de ser joven, pero como no hizo daño, ni conoció las bajas pasiones, ni vivió para la vanidad, goza de la felicidad de ser apacible y divertirse con todo. Este pálido personaje tiene el gran placer de quererte de todo corazón, de no pasar un día sin pensar en el otro viejo trovador, confinado en su soledad de artista apasionado, desdeñoso de todos los placeres de este mundo, enemigo de la lupa y de sus dulzuras[77]. Somos, creo yo, los dos trabajadores más distintos que existen. Pero cuando se ama como nosotros, todo va bien. Si uno piensa en el otro al piensa en el otro al mismo tiempo, es que tiene necesidad de su contrario. Uno se completa identificándose en determinados momentos con quien es diferente.
Te dije, creo, que había escrito una obra al volver de París.[78] Les ha gustado, pero no creo que la representen en primavera, y su fin de invierno está completo, a menos que la obra que ensayan no funcione. Como no sé desear el mal de mis colegas, no tengo prisa y el manuscrito está sobre la mesa. Tengo tiempo. Hago mi pequeña novela de todos los años,[79] cuando tengo una o dos horas al día. No me disgusta no tener más tiempo para pensar en ella. Eso la hace madurar. Tengo siempre, antes de dormirme, un cuartito de hora agradable para continuarla en mi cabeza. […]
Buenas noches, mi trovador. Te quiero y te abrazo con fuerza. Maurice también.