69. FLAUBERT A SAND
[París, 12 enero 1870]
Miércoles por la tarde
[…] ¡No se habla de otra cosa que de la muerte de Noir![91] El sentimiento general es el Miedo, ¡nada más!
¡En qué tristes costumbres nos hemos enfangado! ¡Hay tanta estupidez en el ambiente que se vuelve feroz! ¡Estoy menos indignado que asqueado! ¿Qué me dice usted de esos señores, que van a parlamentar armados de pistolas y de bastones con dardo? ¿Y de ese otro, de ese príncipe que vive en medio de un arsenal y que lo usa? ¡Muy bonito! ¡Muy bonito!
¡Qué carta hermosa me escribió usted anteayer! ¡Pero su amistad la ciega, querida maestra! No pertenezco a la familia de la que usted habla. Me conozco y sé lo que me falta. ¡Y me falta muchísimo!
Al perder a mi pobre Bouilhet he perdido a mi comadrón, aquél que veía en mi pensamiento más claramente que yo mismo. Su muerte ha dejado en mí un vacío del que cada día que pasa me doy más cuenta.
¿A santo de qué, hacer concesiones? ¿Por qué forzarse? Estoy bien resuelto, al contrario, a escribir de ahora en adelante para mi agrado personal, y sin ninguna coacción. ¡Pase lo que pase! Tengo casi cincuenta años. Es hora de divertirse, esto es, de soltarse.
No me iré de París antes de su llegada. Cuento con usted en doce días, ¿no es así?
Abrazos a todos, besos de nodriza para mis dos amiguitas, etc., etc.
Y a usted, todo el cariño del viejo trovador