45. SAND A FLAUBERT
[Nohant, 21 de diciembre de 1868]
Es cierto que me enojé y que me supo mal, no por exigencia ni por egoísmo, sino al contrario, porque nosotros estuvimos alegres y contentos, y porque tú no te has querido distraer y divertirte con nosotros. Si hubiera sido para divertirte por tu cuenta, mejor para ti, pero fue para enfermar, para envenenarte la sangre y para hacer un trabajo que maldices, y que —al querer y deber hacerlo a pesar de todo— habrías de poder hacer a tu aire y sin que te absorbiera. Me dices que tú eres así. No tengo nada que decir, pero a una le apena tener por un amigo adorable a un cautivo encadenado lejos de aquí, y al que una no puede liberar. Quizá haya un poco de coquetería por tu parte, para hacerte compadecer y amar más. Yo, que no estoy enterrada en la literatura, he reído y vivido mucho estos días de fiesta, pero pensando siempre en ti y hablándole de ti al amigo del Palais-Royal,[73] a quien le habría gustado verte y que te ama y aprecia mucho.
Turguéniev ha sido más afortunado que nosotros, pues te pudo arrancar de tu tintero. Lo conozco muy poco, pero le aprecio. ¡Qué talento, y qué original y templado es! Creo que los extranjeros lo hacen mejor que nosotros. Ellos no se las dan de nada, y nosotros, o nos subimos a un pedestal, o nos embarramos. El francés no tiene ya un entorno social, no tiene un entorno intelectual.
A ti te exceptúo de todo esto, tú que haces una vida de excepción, y yo me exceptúo a causa de un fondo de bohemia despreocupada que he conservado. Pero yo no sé insistir y pulir, y amo demasiado la vida, me distraigo demasiado en los aliños, en todo lo que no es el plato principal, para ser verdaderamente una literata. Tengo mis ataques, pero no duran. ¡La existencia en que uno no sabe nada de su yo es tan buena, y la vida en que uno no interpreta ningún papel, un espectáculo tan hermoso de ver y escuchar! Cuando tengo que entregarme a fondo, saco fuerzas del coraje y la resolución, pero ya no me divierto. De ti, trovador apasionado, sospecho que te divierte tu oficio más que nada en el mundo. A pesar de lo que dices, bien podría ser que el arte fuese tu única pasión, y que tu enclaustramiento, que me enternece, tonta de mí, fuese tu jardín de las delicias. Ojalá fuera así, pero reconócelo, para tranquilizarme.
Te dejo para ir a vestir a las marionetas, pues hemos retomado los juegos y las risas con el mal tiempo, y supongo que lo haremos buena parte del invierno. He aquí la imbécil que tú llamas Maestro. ¡Buen Maestro, que prefiere divertirse que trabajar!
Despréciame profundamente, pero quiéreme siempre. Lina me encarga que te diga que no eres gran cosa, y Maurice también está furioso, pero te quieren a pesar suyo e incluso te envían abrazos. El amigo Plauchut quiere que te dé recuerdos suyos. Te adora también.
Besos, pedazo de ingrato.
Había leído la tontería de Le Figaro, y no me hizo reír. Parece que el tema ha tomado proporciones grotescas. A mí me han atribuido en los periódicos un nieto en lugar de mis dos nietecitas, y un bautizo católico en lugar de un bautizo protestante. No importa. Hay que mentir un poco para distraerse.