95. FLAUBERT A SAND
[Croisset, 24 de abril de 1871]
Lunes por la tarde
Querida maestra,
¿Por qué ninguna carta? ¿No ha recibido usted ninguna de las que le envié desde Dieppe? ¿Está enferma? ¿Vive todavía? ¿Qué quiere decir esto? Espero desde luego que ni usted (ni ninguno de los suyos) esté en París ¡“Capital de las artes, hogar de la civilización, centro de las buenas maneras y de la urbanidad”!
¿Sabe usted lo peor de todo esto? ¡Es que uno se habitúa, sí! Uno se hace, se acostumbra a prescindir de París, a no preocuparse más por ella, y pronto a creer que ya no existe.
En cuanto a mí, no soy como los burgueses. Me parece que, después de la invasión, no puede haber más desgracias. La guerra de Prusia me ha producido el efecto de un gran trastorno de la naturaleza, de uno de esos cataclismos que ocurren cada seis mil años, mientras que la insurrección de París es, a mis ojos, una cosa muy clara, y casi totalmente simple.
¡Qué retrógrados! ¡Qué salvajes! […] ¡Pobre Francia, que no se deshará nunca de la Edad Media! ¡Que aún se arrastra en pos de la idea gótica de la comuna, que no es más que el municipio romano!
¡Tengo miedo de que la destrucción de la Columna Vendôme esparza la semilla de un Tercer Imperio!
¡Ah, siento el corazón oprimido, se lo juro!
¡Y la pequeña reacción que vamos a tener después de esto! ¡Cómo van a florecer de nuevo los clérigos!
Me he vuelto a meter en San Antonio, y trabajo violentamente.
¡Escríbame, pues!
La abrazo fuertemente.
Gve Flau[bert].