111. FLAUBERT A SAND
[Croisset, 14 de noviembre 1871]
¡Uf! ¡Acabo de terminar mis Dioses! Quiero decir, la parte mitológica de mi San Antonio, ¡que me ha ocupado desde principios de junio! ¡Qué ganas tengo de leérsela a usted, querida maestra de mi corazón!
¿Por qué resistió usted a sus impulsos? ¿Por qué no ha venido este otoño? No hay que pasar mucho tiempo sin ver París. Yo iré hacia allí pasado mañana. No será especialmente divertido, este invierno, con Aïssé, un volumen de versos por imprimir (me gustaría enseñarle a usted el prólogo), ¿qué sé yo? ¡Un montón de cosas no precisamente agradables!
No he recibido el segundo artículo anunciado.
Su viejo trovador no puede más. ¡Mis noches más largas, desde hace tres meses, no han sido de más de 5 horas! He trabajado de manera frenética. Creo haber llevado mi libro a un considerable grado de insensatez. La idea de las estupideces que hará decir a los burgueses me sostiene. O, mejor dicho, no necesito que nada me sostenga, un ambiente tal me complace naturalmente.
¡Cada vez es más estúpido, ese buen burgués! ¡Ni siquiera va a votar! ¡Los animales lo sobrepasan en instinto de conservación! ¡Pobre Francia! ¡Pobres de nosotros!
¿Sabe que leo, para distraerme, ahora? Bichat y Cabanis, que me divierten enormemente.[101] ¡En esa época sí que sabían hacer libros! ¡Ah, qué lejos están nuestros doctores de hoy de aquellos hombres!
No sufrimos más que de una cosa: la Estupidez. Pero es formidable y universal.
Cuando se habla del embrutecimiento de la plebe, se dice algo injusto, incompleto. Me obligué a leer todas las declaraciones de intenciones de los candidatos al Consejo General del Sena Inferior. Había casi sesenta, todos surgidos de la fina flor de la burguesía, de gente rica, respetada, etc., etc. Pues bien, la desafío a encontrar gente tan innoblemente burra y cafre. Conclusión: hay que ilustrar a las clases ilustradas. Empecemos por la cabeza, que es lo que está más enfermo; el resto ya llegará.
¡Usted no es como yo, usted está llena de mansedumbre! ¡A mí, hay días en que la cólera me asfixia! Yo querría ahogar a mis contemporáneos en las letrinas. O al menos, dejar caer sobre sus crestas torrentes de injurias, cataratas de invectivas. ¿Por qué es así? Yo también me lo pregunto.
¿Qué tipo de arqueología ocupa a Maurice? Un abrazo a sus nietas de mi parte.
Su viejo