28. SAND A FLAUBERT
[Nohant, 30 de mayo de 1867]
¡¡¡He acabado Cadio, uf!!! Sólo me falta revisarlo un poco. Es como una enfermedad, llevar tanto tiempo con un asunto así en la cabeza. Además la enfermedad real me ha interrumpido tanto que me costó bastante retomarlo. Pero ahora estoy fuerte como un roble, desde que ha empezado el buen tiempo, y tomaré un baño de botánica. Maurice lo toma de entomología. Ha recorrido tres leguas con un amigo para buscar, en medio de un llano inmenso, un animal que hay que mirar con lupa. ¡He ahí la felicidad! Estar chalado por algo.
Mis tristezas se han disipado mientras acababa Cadio. Ahora mismo, no tengo más de quince años y todo me parece perfecto en el mejor de los mundos posibles. Esto durará lo que se pueda. Son accesos de inocencia, en los que el olvido del mal equivale a la inexperiencia de la edad de oro.
¿Cómo va tu querida madre? Seguro que feliz de volverte a tener cerca. ¿Y la novela? ¡Hay que avanzar, qué diablo! ¿Sigues adelante, eres razonable?
El otro día, había por aquí algunas personas nada estúpidas que hablaban muy bien de Madame Bovary, pero a las que gustaba menos Salambó. Lina se encolerizó mucho, y no quiso permitir a esos desafortunados la más pequeña objeción. Maurice tuvo que calmarla, y luego, hizo una defensa ponderada de la obra, artística y sabia, tan fina que los recalcitrantes se rindieron. Me habría gustado escribir lo que dijo. Habla poco y a menudo sin gracia. Esta vez estuvo extraordinariamente acertado.
No quiero decirte adiós, sino hasta luego, mientras pueda. Te quiero mucho, mucho, mi querido viejo, tú lo sabes. Lo ideal sería vivir una larga temporada con un buen y gran corazón como el tuyo. Pero entonces una ya no querría morir, y cuando se es viejo de verdad, como yo, hay que estar preparada para cualquier cosa.
Te abrazo tiernamente, Maurice también. Aurore es la persona más dulce y más graciosa. Su padre le da de beber diciéndole: Dominus vobiscum; ella bebe y responde: Amen. Así aprende. ¡Qué maravilla el desarrollo de un niño pequeño! Nadie lo ha escrito jamás. Seguido día a día, sería precioso, desde todos los puntos de vista. Es una de esas cosas que vemos todos sin verlas. Una vez más, adiós, y piensa en tu viejo trovador, que piensa en ti sin cesar.