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Durante más de media hora estáis descendiendo por angostos breñales, hasta llegar a un pequeño desfiladero. Observas que la comitiva avanza muy relajadamente por el terreno, lo cual no deja de sorprenderte teniendo en cuenta el ataque que se ha producido hace apenas unas horas en el campamento. Los odres de vino van pasando de mano en mano y el propio Deilos, guía de la peculiar cuadrilla, parece más amigable que de costumbre. Dahzor está muy animado y el resto de compañeros tienen que frenarle para que no beba en exceso, se comporte y se mueva con algo más de sigilo. Tú prefieres mantenerte sereno y sólo simulas beber, mojando apenas los labios en la boquilla cuando te pasan el cuero.
Juzgas más oportuno mantenerte sobrio para lo que se pueda avecinar, ya sea un combate, una caza… o un nuevo encuentro con Tríane.
Tras el paso por el desfiladero os encontráis con una loma guarnecida por frondosos álamos de ramas robustas y ancha copa. Los esbeltos y elegantes árboles forman un soto peculiar desde el cual se puede contemplar el resto del paisaje. Su aspecto majestuoso y sus hojas en forma de corazón te evocan los emplazamientos funerarios de tu infancia y las explanadas donde se realizan las ofrendas a los dioses. Desde este sugestivo lugar, y gracias a la refulgencia de las lunas de Tramórea, puedes ver cómo el terreno vuelve a descender muy suavemente por una vega sembrada con huertos. Divisas pequeños senderos que rodean los cercados. Al otro extremo del estrecho valle, la ladera vuelve a ascender y el horizonte queda recortado por un denso bosque que parece tan impenetrable como los muros de un castillo. Deilos se detiene y requiere con un dramático movimiento la atención de todo el grupo.
—A partir de ahora, silencio absoluto. No queremos que nuestra presa nos descubra antes de tiempo.
Bhratar y Tauldos intentan sofocar una risotada cubriéndose la boca con las manos. Dahzor decide tomar un último trago;
Taifos pide permiso para orinar antes de entrar en acción y se adentra en el bosquecillo. El comportamiento de tus compañeros de aventura te parece bastante ridículo.
Si decides
observar detalladamente el paisaje y los alrededores, pasa a 155.
Si te
excusas para aliviarte como Taifos y entras en el bosquecillo,
pasa a 36.