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—Intuyo que debe tratarse de algún asunto importante. Te ayudaré. Sígueme.
Linar se adelanta y empieza a trotar con largos pasos entre los árboles del bosque sin un rumbo preciso aparente. Te obliga a correr para no quedar rezagado. En la frondosidad que dejáis a los lados, te parece intuir la presencia de espectros que también podrían ser bestias fantásticas ocultas en la penumbra, pero nadie os perturba durante vuestro recorrido, como si el mago fuera el amo y señor de este viejo bosque cuya espesura es comparable a un angosto laberinto. La magia que desprende el lugar es innegable.
Al rato llegáis a un claro y bordeáis un arroyo, dejando a un lado una poza oscura y maloliente.
Linar, que continua avanzando a buen ritmo, te advierte:
—No te detengas y no mires hacia la charca.
Instintivamente, haces todo lo contrario y descubres una extrañas criaturas que parecen emerger del agua. Desconcertado, te ha parecido intuir el cuerpo de una mujer desnuda que se perfilaba en la orilla… ¿Delante de una enorme cola de serpiente?