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De pronto escuchas a tu espalda algo que parece el ulular de un búho. Reconoces de inmediato el sonido como uno de los cientos que habéis practicado en la academia para comunicarse en terreno abierto. Ves que el extraño personaje que estabas siguiendo se ha ocultado inmediatamente. A él tampoco le ha debido convencer la imitación del sonido. Asciendes algo más por la ladera para poder tener a ambos objetivos en tu campo de visión; en ese momento observas que el grupo se ha detenido y que parece estar esperando alguna señal. No están todos.
Ahora ves a Deilos al otro extremo de la ladera, que ha retrocedido hasta tu posición. Gracias a la refulgencia de las tres lunas de Tramórea y a pesar de la distancia, compruebas que te está viendo y te hace señales, intentando entender lo que estás haciendo. Por sus gestos constatas que está exasperado. Oteas en la otra dirección para ver si tu presa se ha movido. Parece que se arrastra lentamente hacia delante, pero no levanta la cabeza.
Le haces una señal a Deilos con un código que habéis practicado en la academia. Le muestras una dirección. Ves como intenta ver algo sin éxito y te pide confirmación. Vuelves a señalarle la posición y le indicas que se trata de un solo individuo. Le indicas que regrese con el grupo para no alertar al misterioso sujeto que os está espiando.
Deilos te indica que lo rodees por detrás y regresa con el grupo. Retoman la marcha mientras tú te posicionas aún más arriba para que el intruso no te detecte y sin perder de vista su extraña sombra cuando repta por el suelo. Vas a intentar capturarlo por su retaguardia. En el grupo van prestando atención para detectar la singular presencia, pero te das cuenta de que la misteriosa figura aún extrema más las precauciones; incluso a ti te cuesta distinguirla en la oscuridad.