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Estás enumerando la secuencia de números y letras de la fórmula secreta mientras te levantas para captar la atención de Deilos. Puedes ver cómo se sorprende y te encara de inmediato, pero en ese mismo instante sientes una terrible punzada en el estómago. Terminas la secuencia, por lo que te invade un repentino calor en todo el cuerpo al tiempo que se tensan tus riñones.
La flecha que te ha lanzado Merkar está clavada en tus tripas, pero consigues mantenerte en pie. Cometiste un terrible error al no tener en cuenta la presencia de Merkar con su arco preparado.
Aparte de Deilos, todo se ha vuelto más lento a tu alrededor; la chiquilla grita… demasiado tiempo. El arco se te escurre entre los dedos e hincas la rodilla en el suelo, sujetándote la flecha. Tu otra mano agarra la empuñadura de tu espada. Te concentras. Tan sólo Deilos se mueve a tu misma velocidad y puedes ver cómo salta por encima de la tapia para sacudirte un tajo de arriba hacia abajo. En ese instante su rostro refleja estupor al reconocerte. Ejecutas de manera impecable un Yagartéi, desenvainando tu espada a la vez que das un tajo ascendente de izquierda a derecha. Vuestras espadas chocan y el arma de Deilos sale volando por encima de tu cabeza.