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Estás regresando de vuelta al campamento, avanzando a paso ligero por los términos del bosque, seguido de la extraña muchacha que acabas de conocer. Jadea detrás de tuyo, pero no se queja. Por la ladera opuesta observas cómo el grupo sigue huyendo desordenadamente… hasta que se detiene, poco antes de llegar a la loma de la alameda. Parece que uno ellos os ha descubierto y el grupo señala en vuestra dirección.
De repente, parte del grupo cambia de sentido y avanza hacia vosotros.
La muchacha se sorprende cuando te detienes y busca el motivo de tu repentino interés. Ahora se acaba de dar cuenta.
—¿Qué hacemos?
Detectas angustia y miedo en su tono.
—Meternos en el bosque.
—Ese bosque es muy peligroso —te dice ella resoplando.
—¿Prefieres enfrentarte a ellos?
La coges por la mano y avanzáis con algo de aprensión hacia la espesura.