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De pronto, escuchas el imperceptible ruido de la hojarasca pisoteada. Un sensación de pánico te invade pero apelas a tu entrenamiento militar e hincas una rodilla al suelo para esperar lo que está avanzando hacia ti. Las palabras de tu instructor en supervivencia resuenan en tus oídos: «Mantén la calma o serás tú quien te conviertas en la presa». Se acerca. Ya puedes olerlo. Ajustas tu posición para encararlo, mientras el aire se impregna de un hedor metálico muy característico. Las ramas se mueven. Un ronco sonido anticipa el rugido y la presencia de la gran bestia: un corueco.
Si te
dispones para el combate, pasa a
39.
Si
prefieres salir huyendo, pasa a
179.