14
Como un «Saltimbanqui», das un salto mortal hacia atrás y desenfundas tu espada.
En ese mismo momento todos los lobos ladran ruidosamente y saltan a tu alrededor con actitud amenazadora. El gran lobo de cresta blanca se encara a ti y encoge los morros enseñándote sus terribles fauces. De pronto el lobo negro levanta el hocico. Parece que olfatea el aire y profiere un corto aullido apenas audible. El lobo de cresta blanca, gira velozmente el tronco hacia ese lado y resopla. A lo lejos se oye un rumor creciente que parece acercarse a gran velocidad. Los lobos te ladran y saltan a tu alrededor, encarando en ocasiones hacia el lugar de donde provienen los ruidos que siguen creciendo. Parece que algo muy grande se acerca a gran velocidad.
El gran lobo de cresta blanca te ladra con insistencia, manteniendo la distancia para evitar el filo de tu espada y finalmente aúlla brevemente, ante lo cual los cuatro lobos que te están rodeando dan media vuelta y salen corriendo.
En un primer momento piensas que has tenido suerte, pero al percibir un nuevo olor, nauseabundo y metálico, adivinas que algo mucho peor se acerca, atraído por el ruido y el olor a carne humana: un corueco.