45
Los lobos se quedan inmóviles, olfateando el aire. La muchacha se derrumba y respira con dificultad, intentando recuperarse.
El lobo negro profiere un corto aullido apenas audible. El lobo gris de cresta blanca se acerca junto a él y gruñe en tono bajo. Los cuatro lobos, inquietos, quieren reanudar la marcha, pero la muchacha todavía se está reponiendo y aún no tiene fuerzas para levantarse. Te das cuenta de que el lobo negro está muy crispado y no deja de mirar hacia su lado, con una postura cada vez más hostil. En ese momento escuchas a lo lejos un ruido opaco que se aproxima.
Los lobos están cada vez más inquietos y el jefe de la manada se tiene que imponer para que mantengan la calma y permanezcan en sus puestos. Intercambian un aullidos roncos, seguidos de breve gañidos.
En ese momento, los dos lobos se colocan al lado del negro, y el gran lobo gris ocupa el centro; todos están alertas y encarando el bosque desde donde proviene el sordo clamor que crece en intensidad.
El jefe de la manada, sin dejar su posición, se gira hacia vosotros y os ladra con exasperación varias veces, mostrando sus afilados colmillos. Y de golpe, salta al frente y se internan en el bosque enfrentando el peligro inminente. Los tres lobos restantes le siguen de cerca, con un semblante siniestro. Tú percibes por primera vez un olor desagradable con exhalaciones metálicas que te recuerda los rumores escuchados sobre cierta terrible criatura.
—¿Y ahora que pasa? —dice la chiquilla intentando respirar con normalidad.
—Creo que se van a enfrentar a algo terrible para protegernos: un corueco. Huyamos de aquí.