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Agarras a Dahzor, que se dispone a atrapar al niño que acabas de salvar, y lo desequilibras estirándolo hacia atrás con fuerza, interponiendo su cuerpo entre tú y Deilos cuando éste se disponía a propinarte una estocada mortal.
Sigues escuchando el sonido del cuerno de fondo, como apagado, y eso te propicia una leve ventaja, puesto que todos se sobresaltan… salvo Taifos, que imperturbablemente decapita al crío con un tajo limpio. El cuerpo todavía da unos pasos antes de desmoronarse.
Ahora es Merkar quien profiere un grito en el exterior. Ya no hay nada que hacer y sales como una exhalación de aquel lugar infernal. A tu espalda escuchas la amenaza de Deilos:
—¡Te arrepentirás de todo esto cuando nos veamos, maldito!
Sigues corriendo velozmente y pasas junto a Merkar que ahora se retuerce de dolor con una flecha clavada en el muslo. Asciendes la ladera y saltas la tapia en un suspiro, agarrando a la chiquilla por la cintura y ascendiendo a toda velocidad hacia los lindes del bosque de Corocín con las últimas fuerzas que te proporciona la Protahitéi.
A vuestras espaldas, los gritos de alarma provenientes de otras casas de la aldea se oyen por todo el valle. Parece que han descubierto la matanza y, afortunadamente para vosotros, sólo se han fijado en el grupo que está huyendo hacia el desfiladero.