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—Estás diciendo bobadas, criatura. Conozco a estos guerreros y no son los bárbaros que insinúas.
A pesar de querer ser categórico, te ha dado la sensación que tu tono de voz era algo vacilante. Te levantas sujetando a la chiquilla por el brazo, mientras ella te mira con auténtico terror y te patea para intentar liberarse de tu agarre. El grupo, que avanzaba agazapado, se incorpora también.
Te dispones a relatarles las difamaciones que te ha contado, pero Deilos se anticipa y mira con mucho interés a la chiquilla.
—Vaya, vaya. Si resulta que has cazado la mejor pieza…
Las palabras de Deilos te han sonado de lo más obsceno; estás turbado y ya no sabes lo que ibas a decir…
De pronto notas un dolor muy agudo en tu antebrazo, la muchacha te acaba de morder con todas sus fuerzas y has notado cómo sus dientes atravesaban tu carne, haciéndote soltar su brazo de inmediato. Ella aprovecha la ocasión para salir corriendo, ladera arriba, hacia el bosque.
Taifos se ríe comentando «¡Vaya fierecilla!» y Deilos se avanza para ir a por ella, pero tú le detienes de inmediato.
—Déjala que se vaya, es una niña asustada.
—Pero ¿qué tonterías dices? ¡Vamos a divertirnos un rato con ella!
Ella sigue corriendo ladera arriba, pero sabes que la podéis atrapar en cuatro zancadas. Deilos y los demás han reanudado la persecución y estás tan confuso que te sumas a la carrera sin saber muy bien lo que va a pasar a continuación. Confuso y nervioso, corres hacia ella tan rápido que consigues una ventaja de varios cuerpos sobre el resto del grupo.
La chiquilla está todavía a cincuenta metros de los lindes del bosque y ya casi la has alcanzado.
Los demás te jalean por detrás mientras corren.
—¡Vamos! ¡Atrapa a esa zorra! —farfulla Deilos con la voz entrecortada por el jadeo.