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Mientras bebes puedes percibir que ella te está estudiando con detenimiento. Lo que has hecho anteriormente la ha asombrado, pero ahora parece recapacitar al fijarse en ciertos detalles, como el brazalete con las cinco estrías que te identifica como un Ibtahán de quinto grado.
—¿Los conocías, verdad? Tú también eres un guerrero de Uhdanfiún…
La miras en silencio, sin contestar. Te gustaría reconfortarla y decirle que no eres como ellos y que puede confiar en ti, pero las palabras se te atragantan. Ella te sigue mirando con curiosidad.
—Me recuerdas a alguien. Quizá lo conozcas. Me salvó la vida cuando esos energúmenos estaban a punto de violarme. Se llamaba Derguín…
El nombre te resulta muy familiar. Haces memoria y te acuerdas de inmediato: un excelente alumno de la academia. El año pasado, por estas mismas fechas aproximadamente, él y su amigo Mikhon Tiq eran castigados con severidad y expulsados de la academia. No recuerdas claramente los motivos…
—Sucedió hace un año.
Ves que al evocar esos recuerdos su rostro se vuelve triste y sombrío. Prefieres no decirle toda la verdad.
—No lo llegué a conocer personalmente. Ya no está en la academia.
—Sin duda hizo lo más sensato.
Sus palabras te intrigan pero prefieres no preguntar nada. Optas por cambiar de conversación.
—Tendríamos que continuar.
Si quieres
avanzar bordeando el arroyo, pasa
a 157.
Si
prefieres atravesar el pequeño prado, pasa a 101.