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Estáis avanzando sin dejar de controlar a las seis figuras camufladas que serpentean entre huertos y cercados.
La chiquilla se ha colocado a tu lado y te observa de soslayo sin perderlos de vista.
—Vas bien armado… y supongo que sabes que no se permiten las armas en esta región. ¿Qué eres? ¿Un montaraz solitario o un guerrero rebelde?
No sabes qué contestar… escuchas en tu mente unas palabras, la voz Tríane retumba en tu cabeza: «Te estás embarcando en una aventura con terribles consecuencias. ¿Sabrás distinguir entre aliados y enemigos? ¿Podrás controlar tu destino? Tendrás que descubrir lo que otros no alcanzan a ver…».
—Hablaremos de eso más tarde. Ocupémonos de ellos antes.
Retomáis la marcha, recuperando terreno sobre el grupo para poneros casi a su altura, separados por las cabañas de los campesinos.
Tal como intuías, se dirigen a la cabaña más alejada. Observas cómo se detienen un momento para parlamentar y encaran el sendero que asciende hacia la choza de la loma, acercándose por los márgenes del huerto principal.
Aprovecháis vuestra ventajosa posición para descender y ocultaros detrás de la tapia, de manera que podáis sorprenderlos desde uno de sus flancos.
A medida que el grupo asciende, puedes reconocer a sus integrantes: el más fuerte, Taifos, va delante seguido por Deilos. Un poco más atrás siguen Tauldos, Bhratar y Dahzor. Cierra la marcha Merkar, que avanza con el arco a medio tensar desde la cintura.
La muchacha se encoge para quedar oculta tras la tapia.