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El tirón que te pega el mago te sobresalta.
—¡Te dije que no te detuvieras y no miraras!
El susto parece haberte sacado del atontamiento que estabas padeciendo y vuelves a trotar detrás del incansable mago. A pesar de que parezca una persona mayor, constatas que tiene una resistencia asombrosa.
De pronto Linar se detiene en seco y tú te das de bruces en su espalda. Te señala un pequeño resquicio que se abre entre dos anchos robles. Reconoces el término del camino que empezaba en un desfiladero y observas cómo al final del monte se adivinan unos pequeños pagos, rodeados por huertos.
Linar se acerca hasta situarse entre los dos robles. Te señala la cabaña más apartada del pago, situada sobre una pequeña loma.
—Están allí… ¿Los ves?
Puedes distinguir varias unas sombras acercándose a la casa, ascendiendo una leve pendiente. Tú puedes acceder a la cabaña por otro camino desde arriba. Los seis perfiles de tus compañeros se van camuflando por los cercados mientras siguen avanzando hacia la casa.
—Nuestros caminos se separan aquí —te dice Linar con voz grave—. Yo regreso a mi santuario. Espero que puedas afrontar esta situación con la misma sabiduría y coraje que tuviste frente al corueco, en el bosque de Corocín. Y te deseo la misma suerte. Adiós muchacho.
Linar vuelve a internarse en la espesura hasta que desaparece en la tupida arboleda.