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Te adentras entre los árboles, tomando la dirección opuesta de Taifos, con la intención de desahogarte antes de empezar la misteriosa «cacería secreta». Te internas algo más en la espesura, mientras reflexionas sobre lo que acabas de ver. ¿Una aldea con huertos? ¿Acaso la cacería va a consistir en robar animales de granja a unos pobres campesinos? Agachas la cabeza y terminas lo que estás haciendo, sintiendo un leve escalofrío por el súbito cambio de temperatura corporal.
Al levantar la vista, casi te caes del susto. Ahogas un improperio y te tapas las vergüenzas precipitadamente. Tríane está plantada ante ti, a un metro y medio de distancia y te sonríe con la misma calma que la última vez que os visteis.
—Te estás embarcando en una aventura con terribles consecuencias. ¿Sabrás distinguir entre aliados y enemigos? ¿Podrás controlar tu destino? Tendrás que descubrir lo que otros no alcanzan a ver…
Esta conversación por enigmas te está exasperando. Te dispones a hacerle preguntas claras, cuando a tu espalda escuchas el sonido de las ramas al agitarse y escuchas la voz de Tauldos:
—¿Tienes para mucho? Tenemos que seguir…
—Voy —le contestas de inmediato.
Te vuelves hacia Tríane, pero ya no está. Lo ha vuelto a hacer otra vez.
Regresas con los demás.