VII

La reunión de urgencia en el salón comenzaba a adquirir tintes surrealistas o dramáticos. John miraba anonadado de un lado a otro intentando calmar los nervios, pero le era imposible con semejante locura y disparate.

Jared seguía sin aparecer pese a que el mensajero había salido en su busca hacía rato, pero no le extrañaba ya que el camino resultaba prácticamente intransitable con las lluvias caídas en los últimos días. Hasta el tiempo parecía pelear en su contra. Esperaba que llegara en cualquier momento, y es que ¡Dios!, pocas veces había necesitado tanto tener a su lado a ese loco insensato.

Dean y Thomas tardarían en llegar y no estarían para el inicio del ataque. O comenzaban a trazar un plan lógico y organizado en un par de minutos o estaba decidido a hacer lo necesario para sacar a su mujer del lío en el que se había metido.

¡Suficiente! el rugido resultó mano de santo. Todos, absolutamente todos, quedaron petrificados y expectantes. Tenemos media hora como mucho para decidirnos. Julia y Jules están atendidas y en buenas manos, la abuela las vigilará. Por lo que ha adelantado el doctor ambas estarán doloridas unos días pero no llegará a más. Ahora, centraos, ¡diablos!... inspiró profundamente, pero daba igual, el inmenso agujero en el vientre seguía en su sitio somos cuatro y con nuestros hombres bastantes más. Tenemos dos opciones: asaltar la fábrica arriesgándonos a que Mere..., o encontrar en los próximos minutos una idea, por sencilla que sea, que nos permita acceder a la fábrica y sacarla de allí. El problema de la segunda opción es la desventaja en el número, ya que no podríamos entrar todos a saco, y dudo que pudiera resistir no ser yo uno de los que entren en el condenado lugar los huesos de sus manos parecían a punto de quebrarse de la fuerza con que se apoyaba sobre la mesa, centrando su atención en los presentes. Las ventajas de la primera opción son el número y la sorpresa de nuestra parte, pero sus inconvenientes no es necesario que os los indique y no dudo que sabeis que me aterran. Pero lo que tengo claro es que no puedo dejarla donde está. No puedo, solo imaginar lo que pueda estar pasando... ¿Qué demonios podemos hacer?

Peter se removió en su lugar, sin apenas cambiar de posición junto a Rob.

Ha quedado claro que se la han llevado a Anderson a la zona oscura. Lo malo es que no estamos seguros de la ubicación de esta, así que si optamos por situarla en la fábrica y dejamos de lado otras opciones, puede ocurrir que nos equivoquemos y perdamos la pista de Mere se fijó brevemente en la postura, rígida, de John. Pero no tenemos otra opción ya que como mucho disponemos hasta mañana, que será cuando llegue el jefazo.

Si esperáramos, podríamos cazar al cerebro de los secuestros puntualizó Doyle.

No la contestación brotó rotunda no me arriesgaré a que esté cautiva más tiempo del que resulte inevitable.

Doyle no se opuso en absoluto. Peter mucho menos, al haber sufrido en sus propias carnes lo que Mere estaba pasando, mientras ellos discurrían cómo liberarla.

Este último extendió su agudo examen a todos los presentes.

Creo que cuando desperté tras mi secuestro, estaba en ese lugar, oscuro, húmedo de goteras, pero no de lluvia, sino de filtraciones de algún tipo, quizá de corrientes subterráneas; no debemos olvidar que la fábrica se encuentra junto al cauce del río.

Tiene lógica apoyó Doyle.

Entonces, hemos de decidirnos y centrar nuestros recursos en un solo lugar. ¿La fábrica?

Todos esperaron a que John decidiera. Era su llamada y solo él podría contestarla.

Sí. No tenemos otra salida.

Dios santo, en un segundo estaba decidiendo el destino de su torbellino. ¿Y si fallaba al decidir? No podía pensar en eso ahora, no podía.

De acuerdo. Dispuesto eso, falta concretar la forma de entrar intervino Rob. La idea de asaltar de improviso todos a la vez, me parece peligrosa, extremadamente peligrosa y dudo que hallemos a Mere viva si nos descubren, John.

Este se sentó en una de las sillas que permanecían vacías a la espera de ser ocupadas.

Lo sé, maldita sea, lo sé se frotó el rostro con desesperación ¿qué propones?

A él le costaba mantener la cordura y pensar.

Entrar yo mismo, por mi cuenta y riesgo.

¿Has perdido la cabeza?

¿Te has vuelto loco?

Los gritos fueron lanzados al unísono por los hermanos Brandon.

Rob alzó las manos con un gesto apaciguador, pidiendo calma y que le dejaran explicarse.

Sé que asumo riesgos, pero vale la pena ¿no creéis? Ya estoy dentro y me conocen, aunque Anderson recele. Querrá saber qué ha ocurrido y así ganamos tiempo. Preveo que me va a caer una paliza por su parte pero quizá pueda inventarme algo que calme sus sospechas y así consiga acercarme a Meredith. Solo sé que vale la pena intentarlo.

Iré contigo.

¿Has perdido tú la cabeza? la expresión en la cara de Rob al mirar a Peter rayaba en lo cómico.

Vas a lograr que te maten. Sabes luchar, pero no como yo.

No hace falta que lo digas así, diablos. Sé defenderme y con ello es más que suficiente, y además...

Y hay algo que no has tenido en cuenta...

¿Qué?

Que si no funciona y Anderson está al tanto de lo de los secuestros de los muchachos y de lo que me ocurrió, conoce a la zorra que me torturó y al cabrón que te quiere para él.

Rob inspiró a la vez que tragaba con la garganta totalmente reseca.

Exacto, amigo. El mismo al que por nada del mundo querrás acercarte.

No parece probable, Peter. Piénsalo Rob le miró atentamente como pidiendo que estuviera de acuerdo. ¿No crees que si Anderson lo supiera, no me habría entregado ya a ese cabrón? Además no creo que me asocie con aquel que busca Saxton. Con la barba y el disfraz, en nada nos parecemos.

Peter dudó.

Puede que no lo haya descifrado ya que actúas de incógnito y lo cierto es que dudo que conozca a fondo lo que pasa por la mente enferma de quien da las órdenes, al menos, en relación contigo. Aun así es demasiado riesgo.

Entonces, dame otra alternativa. Dámela y la seguiré sin dudar. O cualquiera de vosotros.

Nadie intervino ya que a nadie se le ocurría idea alguna, aunque resultara descabellada.

Aun así, he de intentarlo.

Eres un jodido insensato, Rob.

Me arriesgaré, Peter. Tengo que hacerlo y lo sabes.

No, no lo sé insistió con los labios apretados podemos buscar alguna otra forma que permita que al menos dos de nosotros entren en la fábrica. Uno es demasiado arriesgado y si eres tú...

¿Cómo?

John no participaba. Que Rob se pusiera en riesgo por su mujer era algo que debía decidir por sí mismo, aunque lo agradeciera en el alma.

Presentándome como alguien que necesita trabajo con desesperación o alguien dispuesto a servir de matón. Yo qué sé, demonios. No dejaré que vayas solo.

Las miradas de ambos se cruzaron para apartarlas en seguida con precipitación.

No funcionaría. El único al que no reconocen como relacionado con mi padre, soy yo respondió sombrío Rob. A vosotros os vieron en el funeral, mientras que a mí no pudieron, al acudir disfrazado.

¡Maldita sea!

Eso mismo movió las manos en señal de te lo dije. Fijó la mirada en todos, uno tras otro. De acuerdo, está decidido.

Al girarse a su izquierda para enfrentar cualquier oposición se encontró envuelto en un abrazo de oso, que le quitaba el aliento. John lo abrazaba como si su vida dependiera de él, y quizá así era.

No sé cómo, pero algún día, tarde o temprano me necesitarás y por Dios que ahí estaré, amigo.

El abrazo duró dos segundos hasta que se separaron con los rostros enrojecidos como si les hubieran pillado con la mano en el tarro de los dulces, avergonzados.

La contestación de Rob fue sencilla, carraspeó y sonrió, sin más. A continuación, miró de soslayo a Peter, pero no se dirigió a nadie en concreto.

Apuntalado lo anterior, se me ha ocurrido una idea, aunque no os va a gustar a ninguno.

Los hermanos alzaron las cejas indicando bien a las claras que nada que proviniera de él les iba a sorprender o que ya estaban acostumbrados.

Peter, noquéame.

Las bocas de todos, repentinamente abiertas, contradecían de lleno el gesto anterior. El cuarto permaneció en silencio mientras todos asumían que el plan, con sus riesgos inherentes y extrañezas, como la surgida hacía unos segundos, iba tomando forma. John inhaló el cargante aire que le rodeaba con algo más de calma.

Tan solo faltaba por conocer el contenido del inesperado plan de Rob para dar inicio a la caza.

Amor entre acertijos
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