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Se sentía inquieto con un desasosiego que nacía de la experiencia. Le observaban y desconocía quién. Lo intuía pero si lo comentaba Peter no le dejaría respirar. También palpaba cierta alarma en él, y si en algo confiaba, era en el instinto de su mejor amigo. La sensación se acrecentó al salir del despacho. Su mirada barrió el lugar, pero demasiada gente disfrutaba de la velada.
Se sintió sucio por un instante, como si en lugar de en un salón rodeado de deslumbrante belleza estuviera en una cloaca abandonada.
Los ruidos se sucedían, una joven alegre con una cantarina risa le calmó algo y la carcajada que surgía de una anciana garganta llamó su atención. Una abuela reía por algo que había comentado una hermosa mujer de rubio cabello y ambas estaban acompañadas por un hombre vestido todo de oscuro, alto y musculado, de facciones marcadas e impasibles ojos azules que se cruzaron con los suyos.
Le desagradó instantáneamente pero lo dejó pasar. No era la primera vez que le ocurría. Finalmente decidió compartir su inquietud.
Peter, creo que están aquí. Me noto inquieto como en aquella ocasión en los muelles ¿recuerdas?
Lo sé. Presiento que ella está aquí, pero hay demasiada gente. Es imposible que pueda reconocerles por el olor, imposible, se cruzan tantas colonias y perfumes que embotan los sentidos se giró lentamente hacia él. ¿Has sentido algo? Rob nada dijo ¿Rob? insistió su amigo.
Me siento sucio, mierda, como si me miraran de una forma..., ¡y no sé quién!
¿Te ha llamado alguien la atención?
La imagen del hombre de los ojos azules se le cruzó por la mente, pero no cuadraba con la risa ingenua de la anciana que le acompañaba. No. No podía ser.
No.
Peter se dirigió a todos.
Lo mejor es que demos una vuelta por la fiesta y estemos atentos a cualquier cosa que nos cause curiosidad. Si en media hora no hemos logrado algo, dudo que esta noche resulte mejor de lo que ya ha sido.
Todos mostraron su acuerdo y se separaron en parejas, John y Doyle, Peter y Rob. Hablaron con los invitados pero se negaron rotundamente a bailar pese a las numerosas insinuaciones y no demasiado sutiles invitaciones. El ambiente de la celebración les desagradaba.