XIV

¿Cómo has podido? susurró. La sensación de traición la notaba agria, en el sabor acre que ascendía por su garganta, en el temblor de sus manos. Eres mi marido y ante todo debería poder confiar ciegamente en ti.

Puedes y lo sabes, Mere.

La carcajada salió ácida, sin rastro de humor.

¿Puedo? inclinó la cabeza hacia un lado ¿cómo te sentirías tú si nuestras posiciones se invirtieran, John? Sé sincero. ¿Me perdonarías que te hubiera ocultado algo semejante?

Traicionado.

Con eso has dicho suficiente y has contestado a mi pregunta.

Mere, has de entenderlo...

¿El qué? ¿Que me estaba hundiendo en la miseria y mi marido, pese a saberlo, lo ha permitido?

¡No, maldita sea! Que pese a saberlo también conocía lo mucho que amas al viejo y que hubieras hecho cualquier cosa para protegerlo.

¿A qué te refieres?

A que estará a salvo siempre que crean que ha muerto, Mere. Lo que hemos hecho era necesario para mantenerlo escondido y fuera de peligro, tanto por su imposibilidad para defenderse en su estado actual, estando herido, como por la necesidad de que todos le creyeran muerto. ¿Acaso no te has dado cuenta de que podría identificar a su atacante? las palabras salían como un torrente caudaloso. ¿Crees que no me he roto la cabeza buscando otras salidas para evitar ocultarte que Norris seguía vivo? se frotó la cara con las manos en un gesto de desesperación. ¡Mierda, Mere! Me conoces de toda la vida y sabes lo que eres para mí..., sabes lo que me ha costado hacer lo que creíamos era lo mejor en estas circunstancias.

Su mujer le observó con fijeza, tensa, de esa forma en la que resultaba imposible adivinar lo que iba a decir o cómo iba a reaccionar.

Debía tener paciencia y aguantar el tipo. Lo supo desde el día en que descubrió la verdad y no se la contó.

Sí, y también sé que eres terco y extremadamente protector, y que no me harías daño salvo que no tuvieras otra salida.

Esta frase le sorprendió tanto que dejó de pasearse como un león enjaulado por el iluminado pasillo y observó atentamente a la pequeña figura ubicada junto a la entrada de una de las habitaciones que invadían el segundo piso. Hasta en las conversaciones más tensas le sorprendía esa pequeña mujer sensata y apasionada. Cierta paz se asentó en su pecho, pero seguía inquieto.

¿Estás segura de lo que dices? No puedo prometer que no vuelva a ocurrir algo semejante a lo largo de nuestro matrimonio.

Sí, aunque eso no significa que no esté enrabietada pero quizá, tan solo quizá, hubiera hecho lo mismo en tu lugar.

¿Mucho?

Mucho ¿qué?

Enrabietamiento.

Mucho no, muchísimo.

En la escala del uno al diez...

No hay escala para medirlo, podenco.

Mere... el aviso se traslucía en el sonido de su voz.

Ni se te ocurra besarme en estos momentos, porque soy capaz de morderte.

Los ojos verdes brillaron.

Bueno, cielo, por experiencia sabes que un buen mordisco en ciertas partes me pone...

¡Uf! se giró como una tromba en dirección a la puerta. No alcanzaba a comprender cómo de un no pienso perdonarle en la vida habían llegado a me encanta que me muerdas. Su matrimonio era una experiencia totalmente fuera de lo normal. ¿Tendría que preocuparse?

Se le ocurrió algo y de nuevo, como una exhalación, se dio la vuelta chocando prácticamente contra el inmenso pecho situado a su alcance. La guantada que le dio en medio del mismo, le supo a gloria.

Se me olvidaba. Si por tu propio bien, tuviera... ¿cómo decirlo?, que ocultarte algún dato sin importancia, espero la misma reacción por tu parte, marido.

Mere, sabes que en cuanto me dices algo así, me pongo en guardia y mi salud se resiente. ¿Quieres tener a un marido enfermo y angustiado?

¡Ja!

Un marido enfermo necesita cuidados y mimos, muchos mimos...

Ya estaba saliendo del cuarto pero el otro seguía con su tararira.

Y mordisquitos, cielo, no lo olvides, sobre todo en cierta parte sensible y...

Si no escapaba al final le iba a dar ese mordisco y lo malo es que el gruñón lo disfrutaría. Bajó los escalones sintiendo una paz que había perdido hacía tres días y se prometió a sí misma no volver jamás a dar por sentado el hecho de merecer ser feliz. Aceptaría la felicidad envuelta en cualquier forma de paquete y sin protestas. Era una lección bien aprendida.

Amor entre acertijos
titlepage.xhtml
sec_0001.xhtml
sec_0002.xhtml
sec_0003.xhtml
sec_0004.xhtml
sec_0005.xhtml
sec_0006.xhtml
sec_0007.xhtml
sec_0008.xhtml
sec_0009.xhtml
sec_0010.xhtml
sec_0011.xhtml
sec_0012.xhtml
sec_0013.xhtml
sec_0014.xhtml
sec_0015.xhtml
sec_0016.xhtml
sec_0017.xhtml
sec_0018.xhtml
sec_0019.xhtml
sec_0020.xhtml
sec_0021.xhtml
sec_0022.xhtml
sec_0023.xhtml
sec_0024.xhtml
sec_0025.xhtml
sec_0026.xhtml
sec_0027.xhtml
sec_0028.xhtml
sec_0029.xhtml
sec_0030.xhtml
sec_0031.xhtml
sec_0032.xhtml
sec_0033.xhtml
sec_0034.xhtml
sec_0035.xhtml
sec_0036.xhtml
sec_0037.xhtml
sec_0038.xhtml
sec_0039.xhtml
sec_0040.xhtml
sec_0041.xhtml
sec_0042.xhtml
sec_0043.xhtml
sec_0044.xhtml
sec_0045.xhtml
sec_0046.xhtml
sec_0047.xhtml
sec_0048.xhtml
sec_0049.xhtml
sec_0050.xhtml
sec_0051.xhtml
sec_0052.xhtml
sec_0053.xhtml
sec_0054.xhtml
sec_0055.xhtml
sec_0056.xhtml
sec_0057.xhtml
sec_0058.xhtml
sec_0059.xhtml
sec_0060.xhtml
sec_0061.xhtml
sec_0062.xhtml
sec_0063.xhtml
sec_0064.xhtml
sec_0065.xhtml
sec_0066.xhtml
sec_0067.xhtml
sec_0068.xhtml
sec_0069.xhtml
sec_0070.xhtml
sec_0071.xhtml
sec_0072.xhtml
sec_0073.xhtml
sec_0074.xhtml
sec_0075.xhtml
sec_0076.xhtml
sec_0077.xhtml
sec_0078.xhtml
sec_0079.xhtml
sec_0080.xhtml
sec_0081.xhtml
sec_0082.xhtml
sec_0083.xhtml
sec_0084.xhtml
sec_0085.xhtml
sec_0086.xhtml
sec_0087.xhtml
sec_0088.xhtml
sec_0089.xhtml
sec_0090.xhtml
sec_0091.xhtml
sec_0092.xhtml
sec_0093.xhtml
sec_0094.xhtml
sec_0095.xhtml
sec_0096.xhtml
sec_0097.xhtml
sec_0098.xhtml
sec_0099.xhtml
sec_0100.xhtml
sec_0101.xhtml
sec_0102.xhtml
sec_0103.xhtml
sec_0104.xhtml
sec_0105.xhtml
sec_0106.xhtml
sec_0107.xhtml
sec_0108.xhtml
sec_0109.xhtml
sec_0110.xhtml
sec_0111.xhtml
sec_0112.xhtml
sec_0113.xhtml
sec_0114.xhtml
sec_0115.xhtml
sec_0116.xhtml
sec_0117.xhtml
sec_0118.xhtml
sec_0119.xhtml
sec_0120.xhtml
sec_0121.xhtml
sec_0122.xhtml
sec_0123.xhtml
sec_0124.xhtml
sec_0125.xhtml
sec_0126.xhtml
sec_0127.xhtml
sec_0128.xhtml
sec_0129.xhtml
sec_0130.xhtml
sec_0131.xhtml
sec_0132.xhtml
sec_0133.xhtml
sec_0134.xhtml
sec_0135.xhtml
sec_0136.xhtml
sec_0137.xhtml
sec_0138.xhtml
sec_0139.xhtml
sec_0140.xhtml
sec_0141.xhtml
sec_0142.xhtml
sec_0143.xhtml
sec_0144.xhtml
sec_0145.xhtml
sec_0146.xhtml
sec_0147.xhtml
sec_0148.xhtml
sec_0149.xhtml
sec_0150.xhtml
sec_0151.xhtml
sec_0152.xhtml
sec_0153.xhtml
sec_0154.xhtml
sec_0155.xhtml
sec_0156.xhtml
sec_0157.xhtml
sec_0158.xhtml
sec_0159.xhtml
sec_0160.xhtml
sec_0161.xhtml
sec_0162.xhtml
sec_0163.xhtml
sec_0164.xhtml
sec_0165.xhtml
sec_0166.xhtml
sec_0167.xhtml
sec_0168.xhtml
sec_0169.xhtml
sec_0170.xhtml
sec_0171.xhtml
sec_0172.xhtml
sec_0173.xhtml
sec_0174.xhtml
sec_0175.xhtml
sec_0176.xhtml
sec_0177.xhtml
sec_0178.xhtml
sec_0179.xhtml
sec_0180.xhtml
sec_0181.xhtml
sec_0182.xhtml
sec_0183.xhtml
sec_0184.xhtml
sec_0185.xhtml
sec_0186.xhtml
sec_0187.xhtml
sec_0188.xhtml
sec_0189.xhtml
sec_0190.xhtml
sec_0191.xhtml
sec_0192.xhtml
sec_0193.xhtml
sec_0194.xhtml
sec_0195.xhtml
sec_0196.xhtml
sec_0197.xhtml
sec_0198.xhtml
sec_0199.xhtml
sec_0200.xhtml
sec_0201.xhtml
sec_0202.xhtml
sec_0203.xhtml
sec_0204.xhtml
sec_0205.xhtml
sec_0206.xhtml
sec_0207.xhtml
sec_0208.xhtml
sec_0209.xhtml
sec_0210.xhtml
sec_0211.xhtml
sec_0212.xhtml
sec_0213.xhtml
sec_0214.xhtml
sec_0215.xhtml
sec_0216.xhtml
sec_0217.xhtml
sec_0218.xhtml
sec_0219.xhtml
sec_0220.xhtml
sec_0221.xhtml
sec_0222.xhtml
sec_0223.xhtml
sec_0224.xhtml
sec_0225.xhtml
sec_0226.xhtml
sec_0227.xhtml
sec_0228.xhtml
sec_0229.xhtml