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El móvil de Kyle anunció dos mensajes. Uno era de Jane. Se reducía a unas pocas palabras que el joven quiso oír de boca de su hermana antes de comunicar nada a Coryn. Fue al salón, y Jane no fingió sorpresa cuando Kyle le dijo que la joven-mujer-rubia-de-su-vida estaba en la estancia contigua, sentada en el borde de la cama poniéndose las sandalias y con el pelo cayéndole por la cara. Jane repitió palabra por palabra lo que el abogado de Coryn le había transmitido. «Jack Brannigan ha dejado de respirar.»
—No sé nada más. En fin, de momento.
Jane añadió que tenía una cita para no sucumbir a la tentación de preguntar dónde estaban en ese maravilloso minuto, ni cómo se encontraba él. Prefería esperar a que tanto Coryn como su hermano decidieran decírselo. «He deseado la muerte de Jack. Y yo también voy a morir.»
Kyle colgó y Coryn lo observó en silencio. Tenía una mano apoyada en el marco de la puerta.
—Jack ha dejado de respirar. Ha muerto.
La joven mujer quiso escuchar de nuevo esas palabras, como Kyle había hecho con Jane. El músico repitió la frase liberadora. Coryn no se movió, luego se le paralizó el rostro.
—¿Qué voy a decirles a los niños?
—La verdad.