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«Hay veces que las broncas son vomitivas.» Era una de las sentencias fetiches de Patsi, que reservaba para los días de gran lucidez. Hoy era uno de ellos. Por eso ninguno de los dos tuvo fuerzas para alzar la voz. ¿Para qué? Su angustia bastaba. Era proporcional a su culpabilidad.
Ella explicó que no había tardado mucho en comprender que Kyle estaba en otro lugar. Estaba cambiado. Absorto. Melancólico.
—Básicamente, alejado de mí. Pero tranquilo, cielo, no voy a cargarte con la culpa. Ni tú ni yo tenemos el monopolio de la traición. En suma, nos hemos querido y nos hemos perdido de vista como muchos idiotas. Tú sabías que yo terminaría en tu cama mientras que yo siempre he sabido que saldría de ella.
El músico le habló de Coryn. En pocas palabras, resumió su realidad y concluyó diciendo que hacía una salsa boloñesa deliciosa. Patsi sonrió y habló del sabor de los huevos al plato de Christopher, sus náuseas y sus antojos de mujer embarazada. Dijo lo rara que se sentía y lo poco que se reconocía. Dijo también que se odiaba y se adoraba. Y sobre todo que odiaba adorarse.
—¡Maldita sea! ¡Es como si reconociera que me regodeo en esta catástrofe! Cuando, en realidad, «esto», esta cosa que se ha instalado en mí, no soy yo. Es mi antiyo y estoy obligada a mentir…
Habló de las horas, de la fuerza de la Vida, de lo absurdo del Azar que hace muy mal las cosas. De todo lo que deja de entenderse, de todo lo que se escapa y uno no sabe por qué. De sus antojos de chili y vainilla. De su cuerpo, que no reconocía y le hacía sentir cosas antes inimaginables. Y que ahora le horrorizaba el calor y que, después de todo, Londres no estaba mal.
—A causa del calor… «Sin duda.»
Kyle no pudo interrumpirla ni agregar un solo comentario. Se limitó a mirar a esa mujer perdida, la antítesis de la Patsi de siempre. La mujer que había amado y que no volvería a amar de la misma forma. Los años habían transcurrido en un santiamén. Una vez más, Patsi tenía razón.
—Todo esto es sencillamente inviable. Y tú, ¿no dices nada?
—Patsi…
—¿Lo entiendes…? —lo interrumpió con la misma voz de antes, cuando había reconocido que estaba embarazada—. «Esto» nos obliga a replantearnos todo. Nuestra vida, la del grupo, la continuidad de esta gira, el próximo disco, la próxima gira, Steve, Jet… y mis malditos trajes, que están en el maletero ¡y en los que ya no cabré dentro de unas semanas! ¿Te imaginas? ¿Te imaginas el lío? Pues peor aún… Un desastre, Kyle.
Su voz se tornó implorante.
—De momento, no sé por qué, pero no quiero abortar.
Kyle iba a abrir la boca, pero Patsi levantó la mano.
—Lo normal es que ni me planteara seguir adelante. Que estuviese ya en la clínica. Y si embargo no puedo. ¿Lo entiendes?
Kyle murmuró «sí» y quiso cogerle la mano. Ella la rechazó.
—Lo más horrible es que no sé si sabré ser madre. Ni siquiera te digo ya una buena madre… ¡Mierda! Soy… Es…
—Patsi, si es mío…
—¡Oh! ¡Cierra la boca! La verdad, hay pocas posibilidades de que el bebé sea tuyo. A no ser que tus espermatozoides vivan una semana entera y sigan siendo tan vigorosos después como para eliminar al resto ¡y fecundar el único óvulo que seguramente libere en toda mi vida!
Tenía lágrimas adheridas a sus falsas pestañas y, esa vez, fue ella quien apretó la mano de Kyle.
—Sería muy fácil, ¿a que sí?
—¿Lo sabe?
—Está casado.
—Mierda.
—Exacto.
Luego añadió, desesperada:
—Estoy en la mierda total… ¡Imagínate! En mi vida he olvidado nada. Ni un lugar ni una nota ni una palabra ni ninguna de tus ideas ni una sola mirada de nuestros fans, y ha bastado con que olvide una vez, una sola y única vez, tomarme la dichosa píldora y ¡bingo!, me quedo preñada muy probablemente de un tío al que podría querer durante el resto de mis días, pero que está casado, mientras que yo vivo con un tío que ya no me quiere y al que nunca volveré a querer lo suficiente para seguir viviendo con él…
De pronto se llevó la mano a la boca y dijo gritando que, para colmo, iba a vomitar, lo que hizo por la ventanilla sin bajar del coche. Luego se limpió los labios con el abrigo de Kyle.
—Solo me queda rezar por que tú no seas el padre. Este crío no tendría que haber sido concebido sin amor.
Sí, Patsi. «Desde luego hay veces en que las broncas son vomitivas.»