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Como en cada una de sus sesiones de firma de autógrafos, los F… atraían a las masas. Los medios de comunicación no dejaban de «mediatizar», pero el grupo no había concedido ninguna entrevista desde su llegada a Londres. Timmy seguía soñando con escribir su artículo. Por eso, feliz de haber descubierto el paradero de los músicos ese mismo día, se coló entre los espectadores que se apiñaban en la gran tienda. Había gente de todas las edades. Había fans que hablaban de todos los conciertos que habían visto. En varias fechas. En varios países. En varios años. Su conversación tenía algo de fascinante y también de terrorífico. Eran una mina de oro en detalles. Timmy localizó a cuatro Patsi con solo mirar al frente. Ninguna era la Patsi que quería ver. Finalmente entrevió su melena pelirroja. Su vestido con corpiño rojo. Sus hombros tatuados. Pero fue su sonrisa la que lo atrapó. Era tan luminosa como encandiladora. Una chica joven a su derecha le preguntó si sería tan amable de sacar una foto con su iPhone porque él era alto.

—¿Qué edad tienes? —preguntó Timmy tras devolverle el móvil.

—Dieciocho.

El joven la escrutó.

—No pongas la foto en Facebook.

—Mi madre no sabe cómo funciona.

—Un consejo: no te fíes de las madres.

La chica sonrió y, bruscamente, sin darse cuenta, Timmy se vio propulsado ante Kyle. Le tendió su CD para pedirle una dedicatoria, le dio las gracias y le dejó una tarjeta profesional.

—Me encantaría hacerles una entrevista.

Steve respondió que no concedían ninguna por el momento. Su agenda no les permitía… Por inercia, Kyle miró la tarjeta. «Tim Benton.» En los últimos tiempos el músico tenía sus dudas sobre lugares y fechas, pero una memoria excelente para las notas, los nombres y las caras. De inmediato le vino un recuerdo preciso. Coryn se llamaba Benton antes de casarse con aquel capullo. Levantó la cabeza. Tenía el corazón acelerado. Al joven de la camisa roja ya lo había engullido la multitud. Kyle se levantó y lo descubrió a unos metros, alejándose. Sin reflexionar, fue tras él.

—Dígame, ¿no será por casualidad pariente de Coryn Benton? A ver, quiero decir, de Coryn Brannigan.

—Es mi hermana —respondió Timmy sin reprimir una sonrisa.

—Tendrá su entrevista.

—¿En exclusiva?

—En exclusiva —confirmó Kyle—. Lo llamaré mañana.

 

 

Al día siguiente telefoneó a Timmy. Se dieron cita e hicieron la entrevista. El músico había sabido convencer a los otros miembros del grupo de que tendría «gracia» hacerla. No les dijo que Tim Benton era el tío del niño que había enviado al hospital. Y mintió sin escrúpulos, afirmando que el periodista era el amigo del amigo de un amigo y que esperaba que el reportaje abriese a ese joven algunas puertas.

—Sabemos lo que es la Suerte, ¿no?

De entrada, los tres estuvieron de acuerdo. «Sin duda.» Estaban bien situados para saber lo que era un relevo. ¿Y qué se hacía en un relevo?

—Concentrarnos en la mano que se tiende.

Timmy se mostró contundente, encantador y cordial. Prometió a Kyle que nunca contaría nada del accidente y que quedaría «en familia». La expresión gustó al músico. Cuando lo acompañó a solas hasta el ascensor del hotel, el periodista no pudo contenerse y le dijo que lo saludaba de parte de su hermana.

—Oh… —dijo Kyle, como si hubiese tropezado.

—Coryn ha pasado unos días en Londres con su marido y los niños. Llegaron el mismo día que ustedes. Tiene gracia, ¿verdad?

A Kyle se le escapó una sonrisa al acordarse de la melena rubia que había entrevisto en el vestíbulo del aeropuerto. «La vida…», se dijo con una emoción que le subió como una flecha al corazón. Miró a Timmy a los ojos y le encargó que devolviera el saludo a su hermana.

—Discretamente —puntualizó.

—¡Ah! Usted también se ha dado cuenta de que su marido es un poco… nervioso.

—¿Un poco? —repitió Kyle, sin saber qué más añadir.

—Si supiera de dónde venimos, se inclinaría a pensar que Coryn ha sido afortunada. Somos once hermanos, y ella es la única chica. No le ocultaré que mis padres se han aprovechado de ella muchísimo.

—Entiendo.

La voz atronadora de Patsi les llegó desde el extremo del pasillo.

—¡Kyle! ¡Teléfono! Jaaane…

—Mi hermana —dijo el músico con un guiño cómplice.

El periodista le dio una palmada en el hombro y también las gracias antes de desaparecer en el ascensor. Estaba más que satisfecho. Kyle estaba más que contento. La entrevista sería buena y Kyle tenía el número de Timmy. «¿Para qué?», le preguntó su conciencia. «¡Para añadirlo como un adoquín más al camino de las pruebas!»

Los demás no supieron nunca quién era Timmy. ¿Para qué? «La vida…», se dijo de nuevo Kyle mientras recordaba el leve balanceo de la melena de Coryn. La luz que desprendía. La música que había sentido.

El instante preciso en que los destinos se cruzan
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