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El artículo sobre Jaguar y sobre Jack-the-best-entre-todos-los-best se publicó durante la estancia de los Brannigan en Brighton, pero hizo el trayecto en el portafolio de Jack hasta San Francisco. Su retrato fascinó al excelente vendedor, quien lo leyó y releyó de pie en su salón. Impasible. Coryn pensó que su hermano era realmente hábil, sutil y talentoso. «No puede marcharse a Afganistán.» Se prometió que lo llamaría para disuadirlo, pero con el desfase horario y la vuelta a la rutina no lo hizo.
En San Francisco las cosas eran decididamente distintas. En San Francisco Coryn pensaba en la tarjeta que Kyle le había dado en el parque.
Sin embargo, transcurrieron muchos días sin que encontrase el valor necesario para… «¿Para qué?» Incluso dar forma a su pensamiento era difícil. Era como tener un deseo y balbucearlo. Era querer y tener miedo. «No es el momento», concluía, y las tareas cotidianas le ocupaban el resto del tiempo. Como el Times que la joven compraba con regularidad para saber lo que hacía Timmy, aunque existiera un desfase entre el momento en que él «abordaba un tema» y el momento en que Coryn lo descubría.
Jack, cuyo ego había recibido recientemente un buen golpe de shining, aceptó que el trabajo de su genial-cuñado formase parte de las conversaciones en la gran casa blanca. Las lisonjas habían tenido repercusiones y habían generado otros artículos en la prensa estadounidense. Y, desde luego, Jack no era insensible a los halagos.
Cada vez que encontraba un artículo de Timmy, su hermana lo recortaba con esmero y lo pegaba bien recto en un cuaderno que había comprado a tal efecto. Jack no decía nada. No, no había cambiado, pero es que su artículo ocupaba las tres primeras páginas del gran cuaderno…
¡Oh! ¡Cuánto le gustaba a Jack ser el primero en todo!