18
—¡Mamá! ¡Mamá! —gritó Malcolm muy alarmado.
Estaba plantado en medio del pasillo de la tienda, enfrente del expositor de los periódicos, y apuntaba con el índice tembloroso. Coryn se acercó con el corazón palpitante y leyó: «KYLE MAC LOGAN SE CAE DEL ESCENARIO».
La joven cogió la revista y leyó entero el artículo de Newsweek. Hablaba del último concierto en el Madison Square Garden y no explicaba nada más que la foto de portada. Se veía al músico aferrado a su guitarra como si el agotamiento lo hubiese vaciado por completo, y en la foto encajada abajo, una camilla que se precipitaba dentro de una ambulancia. Coryn buscó frenéticamente la fecha y descubrió que aquel número del semanario era de… ¡finales de abril! Levantó la vista y vio en el expositor una docena de Newsweek y de Time con portadas similares. Malcolm le tiró de la manga.
—Llama a Jane.
—No.
—¡Mamá! ¡Es Kyle!
—Malcolm —explicó ella arrodillándose—, sabes de sobra que no podemos decir nada.
—Eres mala.
Coryn abrazó con fuerza a su hijo.
—¿Po qué llora Malcolm? —preguntó Daisy, que había conseguido empujar el cochecito con Christa dentro.
Cuando Coryn pasó por caja, la tendera cogió la revista y la miró a los ojos.
—¿Sí? —preguntó Coryn inquieta.
—Es un número antiguo.
—Me lo llevo de todos modos.
—Entonces es gratis.
—Gracias.
—¿Quiere las otras revistas americanas también?
—¿No las vende?
—No todas… La prueba es que se quedan acumulando polvo en los estantes.
Coryn dio las gracias a María Montero y salió con sus hijos al aparcamiento, volviendo a su pequeña casa, cuatro calles más arriba. Malcolm encendió la tele nada más entrar y se sentó en el borde del sofá. La joven mujer metió la compra en el frigorífico. Tenía la cabeza en otro lugar, ya no sabía el orden de las cosas, lo que había que hacer, lo que podía hacer para no ponerse en peligro. Ganaba tiempo y lo perdía. Se preguntó qué podía entender su hijo con el escaso español que le había enseñado y por qué se inquietaba por eso. Luego releyó el artículo a conciencia. Hojeó las otras revistas, y en una encontró un pequeño recuadro que precisaba que el cantante de los F… se tomaba un descanso después de una gira agotadora. Agradecía el apoyo de sus fans.
Le temblaban las manos. Malcolm tenía la mirada fija en la pantalla y pasaba de una cadena a otra. Ella se sentó a su lado y le preguntó si tenía algunas monedas. El niño fue a su cuarto, sacó de un sobre todas las que tenía y volvió con las manos llenas.
—Te quedas aquí y vigilas a tus hermanas.
Coryn corrió a la cabina y marcó el número que Kyle había anotado debajo de la letra de la canción. Una voz entrecortada le anunció que el teléfono estaba saturado. Sin pensarlo, llamó a La Casa. Una persona que no reconoció descolgó, y Coryn preguntó de inmediato cómo estaba Kyle. La joven mujer al otro lado de la línea vaciló un segundo, y luego dijo que el músico seguía guardando reposo.
—¿Quiere que le dé algún mensaje?
—Dígale que deseo que se recupere.
—Tomo nota. ¿Y usted es…?
—Soy…
Colgó. ¡Oh, cuánto le habría gustado estar «en otra parte»! Y empezar de cero. Que Kyle la tuviese otra vez entre sus brazos…
«Tendría que haberme quedado en Nueva York.»