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Durante unos minutos reinó un silencio total. La joven mujer estaba contenta de hallarse en la cocina. Sí, por segunda vez en menos de diez minutos, Coryn se sintió plenamente feliz. Y sin culpabilizarse. La noche que había pasado torturándose ya no existía. Se había borrado cuando Kyle le había dicho «te quiero». No era una promesa, sino un hecho. «Te quiero.» Lo demás carecía de importancia. No quería ni deseaba más. Ansiaba vivir con la fuerza de ese amor. El que demuestra que dos seres se comprenden y saben que ya nunca más volverán a estar solos.
Las cosas eran distintas. En adelante, Coryn sintió germinar en ella la extraña conciencia de existir. Su vida iba a empezar. «Mi propia vida.»