21
Cuando Kyle abrió la puerta de la entrada con la que llevaba forcejeando unos buenos diez minutos eran las seis y treinta y cinco de la mañana. Se topó de frente con Dan y sus calzoncillos floreados, seguido de Jane, que llegó a toda prisa envuelta en su bata japonesa.
—¿Eres tú quien ha armado todo este escándalo?
Kyle no respondió y los apartó bruscamente de su camino. Se dirigió a la cocina rozando las paredes y se desplomó en la primera silla.
—¿Dónde estabas? Te he buscado por todas partes.
Jane encendió la luz.
—¡Apaga eso!
Dan le dio al interruptor e intercambió una mirada cómplice con Jane. Ella le susurró al oído que iría a buscarlo en caso de que lo necesitara. Luego se plantó delante de su hermano con las manos en las caderas.
—Bravo.
Kyle se había desplomado sobre la mesa. La cabeza bajo los brazos. Ella acercó un taburete y le preguntó por lo sucedido.
—Error de ruta —balbució él.
—¿Qué?
Repitió las mismas palabras.
—No entiendo nada.
Kyle levantó de golpe la cabeza y se puso hecho una furia.
—¡Maldita sea! Pues no es muy difícil, Jane. He llegado exactamente donde no quería llegar. Lo he hecho todo al revés. He hecho lo contrario de lo que me había prometido. He salido de mi vida.
Jane apoyó la mano en la de su hermano. Él la rechazó.
—No somos libres, ¿lo sabías? La libertad, esta mierda de libertad que creemos tener, no existe. Son todo… pamplinas.
—Estás borracho —lo interrumpió con firmeza—. Ve a acostarte.
—¡No! —Kyle se levantó—. Desvarío. ¿No ves que desvarío?
—¡Cálmate! ¡Kyle! Cálmate.
Titubeó y se dejó caer en la silla de nuevo. Largos minutos transcurrieron en el vacío. Luego murmuró:
—Yo quería… Yo quería ser un hombre de bien. Jane, me habría gustado tanto…
Su cabeza desapareció de nuevo bajo sus brazos. Jane volvió a ver al niño que permanecía en cama, amurallado en un silencio asfixiante. Ella había creído que la música lo salvaría, sí. A veces una duda había aflorado como una mala intuición, embargándola. A veces, como esa noche, estaba aterrorizada. ¿Dónde están las ramas de árbol? ¿A qué podemos aferrarnos, si no, para evitar caer al abismo? «Solo a la esperanza de que todo puede cambiar.» Si no, ¿qué sería ella, Jane? «¿Qué sentido tendría mi vida?»
Kyle se incorporó y farfulló que necesitaba dormir. Su hermana lo llevó hasta su cuarto sujetándolo, lo desvistió como pudo y lo tapó con las mantas.
—Patsi me ha llamado por teléfono. No conseguía localizarte por el móvil.
Kyle no reaccionó.
—Viene mañana a las cuatro. Bueno no, dentro de un rato —se corrigió—. En vista de la hora que es ya.
Kyle no se movió. Jane sabía que se hacía el dormido.
—Te traigo una palangana… Procura no ponerte perdido si echas las entrañas.