6

 

 

 

 

Transcurrió una hora. Chuck no sabía que su cliente estaba sentado en el coche vigilando la entrada del hospital. Pronto la luz del día se desvanecería, acentuando más sus interrogantes. Como en esas noches en las que Kyle no salía a cantar al escenario ni se había vaciado lo bastante para caer en una nada de cansancio.

Desde la llamada de Jane a Bratislava para comunicarle la muerte del Cabrón, desde el avión que había estado a punto de perder por culpa de la bronca con Patsi, desde su llegada a San Francisco, el músico no había conciliado el sueño. ¡Oh! Si Kyle hubiera podido dormir bien, nada de lo ocurrido ese mediodía se habría producido. «No habría estado a punto de matar a un niño. Y no habría conocido a Coryn… La vida es absurda.» El corazón le dio un vuelco. Podía oír sus latidos. Resonaban como hacía varios años que no lo hacían.

El viento glacial del Pacífico se fraguó un camino hasta el interior del coche, y Kyle se estremeció. Se subió el cuello del abrigo. Ya llevaba una hora y media esperando. Era una locura, pero lo único que podía hacer era seguir aguardando; tenía que volver a verla. Tenía que saber. ¿Quizá prestaba más atención a los hombres y a las cosas que la mayoría de las personas? ¿O quizá era por culpa de la mañana en que su madre no había despertado? A saber. Todo era serio para Kyle. Las risas, las tristezas, la música, los textos, la vida ordinaria o la vida singular que vivía con los F… Los latidos del corazón. Todo. «Tengo que volver a ver a Coryn.»

Levantó la cabeza y atisbó la melena rubia que una ráfaga de viento levantó. Y la complexión cuadrada de Jack al lado, con la pequeña en brazos. Coryn llevaba el cochecito vacío. Caminaba cabizbaja, a causa del viento. «O tal vez no…»

Jack enfiló una calle, a la izquierda. El músico temió perderlos de vista por culpa de una hilera de columnas. Dudó si salir del vehículo y se deslizó al asiento del copiloto, desde donde vio a aquel cabronazo colocando al bebé en el asiento trasero de un Jaguar X-Type Estate blanco. Se acercó a su mujer, que estaba plegando el cochecito, y Kyle tuvo la impresión de que ella retrocedía.

El cantante bajó la ventanilla, pero estaba aparcado demasiado lejos para oír nada… Entonces le sonó el móvil. «¡Mierda!» Se hundió en el asiento por miedo a que lo descubrieran y apagó el teléfono sin responder. Cuando se incorporó vio a un joven con patines a unos metros del Jaguar. Inmóvil. Enfrente de Brannigan. ¿Qué había pasado? Sin pensárselo dos veces, Kyle salió y se coló entre los coches. El viento soplaba con tanta fuerza que le impedía oír la conversación, pero vio al coloso acercarse al adolescente, que se alejó a toda pastilla de allí.

El músico permaneció escondido detrás de un todoterreno, observando la escena y preguntándose qué habría sucedido cuando de pronto el chico se detuvo. Dio un giro elegante e hizo un amplio corte de mangas a Jack antes de largarse. «¡Mierda! ¿Qué ha ocurrido?»

Durante unos segundos Brannigan siguió con la vista al chaval, que zigzagueaba entre las calles con la soltura de quien se regodea. Coryn estaba sentada delante. Se volvió para hablar a la pequeña, se inclinó y le acarició la mejilla. Desde su ubicación, Kyle no alcanzaba a ver la expresión de su rostro, pero habría deseado interpretar su mirada.

Jack se sentó al volante y arrancó. El músico volvió presuroso a su coche. Sin un asomo de duda, empezó a seguirlos, con cuidado de dejar una cortina de varios vehículos entre ellos.

Había pasado algo. «Sin duda. Pero ¿el qué?» ¿Jack le había levantado la mano a su mujer o habían tenido unas palabras?

Kyle maldijo al desconocido que había marcado su número y pensó que lo primero era encontrar pruebas que demostraran si sus sospechas eran descabelladas o fundadas. Si Coryn estaba a salvo, aunque él estuviera convencido de lo contrario. Pensaba en Coryn. Solo en ella. ¡Oh! Si hubiese hecho caso a su instinto y a su profunda «certidumbre» en vez de razonar, al primer semáforo en rojo habría bajado del coche, habría abierto la portezuela de Jack, lo habría agarrado del cuello de la chaqueta, como el muy desgraciado había hecho con él en el hospital, y lo habría lanzado al asfalto. Habría mirado a la joven mujer rubia a los ojos y le habría preguntado por qué se había casado con semejante capullo.

Por desgracia, la vida dista mucho de ser tan simple.

El instante preciso en que los destinos se cruzan
titlepage.xhtml
index_split_000.html
index_split_001.html
index_split_002.html
index_split_003.html
index_split_004.html
index_split_005.html
index_split_006.html
index_split_007.html
index_split_008.html
index_split_009.html
index_split_010.html
index_split_011.html
index_split_012.html
index_split_013.html
index_split_014.html
index_split_015.html
index_split_016.html
index_split_017.html
index_split_018.html
index_split_019.html
index_split_020.html
index_split_021.html
index_split_022.html
index_split_023.html
index_split_024.html
index_split_025.html
index_split_026.html
index_split_027.html
index_split_028.html
index_split_029.html
index_split_030.html
index_split_031.html
index_split_032.html
index_split_033.html
index_split_034.html
index_split_035.html
index_split_036.html
index_split_037.html
index_split_038.html
index_split_039.html
index_split_040.html
index_split_041.html
index_split_042.html
index_split_043.html
index_split_044.html
index_split_045.html
index_split_046.html
index_split_047.html
index_split_048.html
index_split_049.html
index_split_050.html
index_split_051.html
index_split_052.html
index_split_053.html
index_split_054.html
index_split_055.html
index_split_056.html
index_split_057.html
index_split_058.html
index_split_059.html
index_split_060.html
index_split_061.html
index_split_062.html
index_split_063.html
index_split_064.html
index_split_065.html
index_split_066.html
index_split_067.html
index_split_068.html
index_split_069.html
index_split_070.html
index_split_071.html
index_split_072.html
index_split_073.html
index_split_074.html
index_split_075.html
index_split_076.html
index_split_077.html
index_split_078.html
index_split_079.html
index_split_080.html
index_split_081.html
index_split_082.html
index_split_083.html
index_split_084.html
index_split_085.html
index_split_086.html
index_split_087.html
index_split_088.html
index_split_089.html
index_split_090.html
index_split_091.html
index_split_092.html
index_split_093.html
index_split_094.html
index_split_095.html
index_split_096.html
index_split_097.html
index_split_098.html
index_split_099.html
index_split_100.html
index_split_101.html
index_split_102.html
index_split_103.html
index_split_104.html
index_split_105.html
index_split_106.html
index_split_107.html
index_split_108.html
index_split_109.html
index_split_110.html
index_split_111.html
index_split_112.html
index_split_113.html
index_split_114.html
index_split_115.html
index_split_116.html
index_split_117.html
index_split_118.html
index_split_119.html
index_split_120.html
index_split_121.html
index_split_122.html
index_split_123.html
index_split_124.html
index_split_125.html
index_split_126.html
index_split_127.html
index_split_128.html
index_split_129.html
index_split_130.html
index_split_131.html
index_split_132.html
index_split_133.html
index_split_134.html
index_split_135.html
index_split_136.html
index_split_137.html
index_split_138.html
index_split_139.html
index_split_140.html
index_split_141.html
index_split_142.html
index_split_143.html
index_split_144.html
index_split_145.html
index_split_146.html
index_split_147.html