6
Por su parte, unos meses antes Patsi también había hecho una elección. Sola. Eran las seis y diez de la tarde. Esperaba el e-mail del laboratorio —sentada— delante de la pantalla de su ordenador. Imprimió el informe. Reflexionó y miró el mar que se veía a lo lejos desde su despacho. Pensó que quería conservar su casa de Los Ángeles, aunque solo fuese para volver tres veces al año. Compraría la parte de Kyle. Tenía meses por delante para ocuparse de la cuna, el cochecito, los peleles… «¿Cuántas unidades?», se preguntó con esa especie de alegría inquebrantable que se había adueñado de ella.
Decidió de inmediato que Kyle sería el único en saber que no era el padre. No avisaría a Christopher. No diría nada hasta el último concierto, previsto a finales de abril. Se pondría vestidos acampanados al estilo de los años sesenta. Estilo que, por lo demás, solo había explotado en el escenario.
En ese momento Kyle salió a la terraza con una taza de café humeante en la mano. Llevaba los vaqueros preferidos de Patsi y su bufanda negra. Se volvió y la vio. Como en el escenario, la mirada de Patsi fue suficiente. Kyle la entendió y se acercó a ella.
—Estos análisis prueban que me quedé embarazada precisamente el 3 de diciembre. Y el último día que tú y yo nos acostamos fue… antes.
El músico miró las cifras, los índices y los términos extraños que descubría por primera vez en su vida.
—¿Estás decepcionado?
—Es mejor para el bebé. Yo ya me he torturado bastante preguntándome si mi madre se alegró cuando supo que esperaba un hijo.
Patsi guardó silencio, y Kyle continuó:
—Quién sabe si las cosas no se perpetúan de generación en generación…
—Tu padre no era una estrella del rock.
Kyle asintió y añadió que él también había estado reflexionando.
—Sí un día tengo un hijo, me gustaría decirle que fue deseado. No quiero que piense que lo engendró un monstruo. Porque no soportaría que a él también le asustara el futuro.
—¡Cielito…! Tienes que hacértelo mirar. Desvarías.
—Ya lo sé, Patsi. Sin embargo, lo peor para mí no es eso.
—¿Y qué es?
—Lo peor sería que me hubiera deseado el monstruo. El asesino.
Kyle tenía en los ojos la fragilidad que Patsi odiaba y que, sin embargo, la había hecho caer rendida a sus pies. No había dejado de quererlo. Lo quería de otra forma. Su amor había variado su órbita. Se sentó junto a él y tomó sus manos entre las suyas.
—Olvidas un elemento esencial.
—¿Ah, sí? ¿Cuál?
—Tu libertad de renegar de él. Tu libertad de vivir sin él.
Patsi añadió que a ella no le costaba nada decirlo, que ella no podía imaginar su lucha interna.
—Pero eso no impide nada, sigue mi consejo. Déjalo estar. Eres libre, Kyle. Ni siquiera estoy ya encima de ti todo el día. ¡Y no eres el padre indigno de un hijo que no es tuyo!
Kyle sonrió.
—Así que… no pierdas diez años. Llámala.
—¡Oh! —Él suspiró con tal emoción que tuvo que levantarse del sillón de terciopelo violeta—. Olvidas que no puedo. El juicio será dentro de nada.
—Pues escríbele.
—Quiere rehacer su vida. Debe…
—Kyle… ¡Mierda!
Él cogió su guitarra. Patsi se levantó para mirarlo de frente.
—En ese caso, no llames a Coryn. ¡Jamás! ¿Me oyes? No la conozco, pero no sería bueno que después de que le hayan partido la cara durante años ahora vaya a dar con un tío depresivo y gallina. Un tío que no esté a la altura.
—¿Crees que no lo sé? Coryn no necesita a alguien como yo, que…
—¡Kyle, me sacas de quicio! Y no te imaginas cuánto me alegro de haberte dado puerta. ¡Y de que este crío no sea tuyo!
Patsi dio media vuelta y desapareció por el pasillo. Sin embargo, tres segundos más tarde reapareció, con una mano apoyada en el vientre.
—¿Y ahora qué?
—Gracias por aguantarme en tu cama hasta que termine esta maldita gira…
Se llevó la mano a la boca.
—¿Más náuseas?
—¡En cuanto me las recuerdan! —Se dejó caer en el sillón con un suspiro—. Cuando pienso que esto puede durar hasta el parto…
Kyle se le acercó.
—¿Quieres un vaso de agua?
Patsi negó con la cabeza.
—Quiero que toques el tercer tema.
—¿Ya no lo aborreces?
—Ahora soy una espectadora más.
El músico sonrió. Patsi le apartó el mechón de los ojos y se lo recolocó a la manera de Kyle.
—A todo esto —dijo con indiferencia—, en cuanto al «siempre»… puede que tuvieras razón.
—¡Oh!
—Pero cuando te dije «conmigo no», en eso no me equivocaba.
—Entonces ¿el invisible man es tu «siempre»?
Patsi suspiró.
—¿Cuándo piensas contárselo?
Ella se encogió de hombros y precisó: «¡Después del juicio!».
—No eres mejor que yo, al fin y al cabo.
—Sí. Porque le hablo, le digo que lo quiero y en cuanto a lo demás… pues es como un plato que se cuece a fuego lento. ¡Aún no está listo! Y por eso no ha llegado la hora de sentarse a la mesa.
—Deberías contarle que es el padre.
—¡No me digas lo que tengo que hacer, Kyle! ¡Toca!
Patsi cerró los ojos durante todo el tiempo que Kyle cantó.
Viajaron a Londres, Bruselas, Berlín, y no dijo nada a Christopher. Aún no. Seguía su estrategia. Ni Kyle ni nadie habrían podido disuadirla. La artista ocultó sus náuseas y sus vómitos a Steve y Jet. A todos los que trabajaban en la gira. Subió al escenario sin modificar un ápice su actitud. Fingió seguir en plena forma y mantuvo el tipo sin flaquear, liberando tan solo su mal humor con un poco más de estruendo. Dormía a pierna suelta al lado de Kyle. Solo por un motivo.
—¡Para que los periodistas me dejen en paz!