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Hay días en que los astros toman conciencia de que existes y deciden inclinarse sobre ti. De hecho, para demostrarlo, te conceden una lluvia de acontecimientos. Felices o infelices. Que te salvan o que te sacrifican. O las dos cosas a la vez…

Ese 29 de noviembre los astros se las ingeniaron para que Coryn recibiese varias noticias que imprimieron un serio acelerón al cambio iniciado en el curso de su vida.

Aquella mañana, mientras se peinaba en el cuarto de baño, Malcolm empujó la puerta y se quedó tras ella con los brazos a los costados, sin moverse. Coryn se volvió. Su hijo tenía en sus ojos claros una sombra que la dejó helada.

—No había ardilla.

Ella se arrodilló.

—¿Y qué perseguías?

—Mi pelota. Pero le dije al policía que no era mía.

—¿Por qué?

El niño se encogió de hombros.

—¿Por qué no lo explicaste?

—Papá me prohibió que la sacara a la calle —murmuró abrazándose al cuello de Coryn—. No se lo contarás, ¿verdad?

—Te lo prometo, Malcolm. Nunca se lo contaré.

La joven mujer siempre había vigilado con el rabillo del ojo la relación de Jack con sus hijos. Ni una sola vez había visto que les levantara la mano. Era estricto y severo con ellos, pero justo. Sin embargo, esa mañana comprendió que había olvidado algo esencial. Había olvidado mirar en los ojos de su hijo. Y lo que vio —esa sombra— la sobrecogió.

—¿Era de esto de lo que querías hablar conmigo en el cuarto de baño del hotel, en Londres?

—Sí.

Coryn recibió su primera descarga eléctrica del día. Se sintió culpable. Ciega. Egoísta. Malcolm había callado esa mentira demasiado tiempo, lo que implicaba que Jack le daba miedo de una forma u otra. Porque esa sombra no era solo el temor a recibir una bronca, sino algo más negro. Mucho más de lo que había imaginado. Miró a su hijo a los ojos y prometió que lo protegería. Siempre. Malcolm se abrazó de nuevo a ella y se fue corriendo a cambiarse porque esa mañana esperaban a un payaso en el colegio con una máquina para hacer pompas muy grandes.

—¿Me lo contarás?

—Sí.

—¿Todo?

—Sí, mamá.

«¿Qué podemos hacer para salir de esta?»

El instante preciso en que los destinos se cruzan
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