El misterio de la enamorada
María estaba ilusionada. Su corazón andaba dividido entre dos amores, pero había tomado una decisión. Por primera vez creía saber lo que más le convenía y se había decidido a actuar sin que le importasen las consecuencias. Después de algunos días pasados en un pueblo vecino, regresaba a casa de sus padres con la noticia. Había adoptado la resolución que pensaba mejor para su futuro y quería que los primeros en saberlo fueran sus padres. Sobre todo, ahora que estaba segura de no volverse atrás. Lo había dudado mucho, pero esta separación de su familia, que había vivido por propia voluntad, le había hecho madurar ayudándole a que su reflexión fuera efectiva.
Caminaba sola por un camino despejado. Su juventud y la confianza en un paisaje hartamente conocido le permitían disfrutar del trayecto pese al silencio amenazador que parecía crecer y envolverla en la soledad. No transitaba nadie en ninguno de los dos sentidos, pero María pensaba que no tenía por qué preocuparse. Era media mañana, brillaba el sol y se sentía alegre y ligera como si se hubiera liberado de un gran peso. Sabía que su decisión sorprendería a los que la tenían por una cabeza loca.
Apresuraba el paso con la intención de estar cuanto antes en la finca de su familia cuando, de pronto, supo que no se encontraba sola. Del lugar donde estaba oculto, un recodo del camino, salió un hombre al que conocía bien. María se sorprendió por lo inesperado de su presencia. El individuo se dirigió a ella de forma amenazadora. Estaba enfurecido, violento. Pensó que la había estado siguiendo y que sabía adónde se dirigía.
Todo ello seguramente le irritaba. Hubo entre ellos un intercambio de gritos e insultos. El hombre la cogió de los hombros y la sacudió como si con ello esperara que se aviniera a razones. Pero al fin María se desprendió de los brazos del agresor y decidió darle la espalda para continuar su viaje. Fue entonces cuando el hombre, despechado, recogió del suelo una piedra de regular tamaño y la golpeó en la nuca con gran fuerza, varias veces. A continuación arrojó su cuerpo por un terraplén. Una hermosa joven, alegre e ilusionada, había muerto violentamente, pero ¿quién la había matado? ¿Por qué la habían asesinado?