Condena
Piedad, que tenía fama de ser buena con todo el mundo y de ayudar a muchos necesitados, una vez interrogada por la Guardia Civil, acabó por confesar su crimen. Primero lo negaba todo con una frialdad y tranquilidad que hacía dudar a los investigadores. Para ella su marido estaba trabajando fuera, y en cualquier momento, regresaría como siempre había hecho. También negó que hubiera relaciones íntimas entre ella y el anciano Honorato. Pero no pudo explicar por qué éste llevaba fotos de ella y de su hija en su cartera, y además, Honorato, facilitaba detalles difíciles de negar. Finalmente, acosada por tantos indicios y el hábil interrogatorio, confesó. Fue condenada a largos años de prisión. También fue condenado Honorato, a quien su avanzada edad le mantuvo en prisión atenuada, que no duró mucho tiempo. En el caso de Piedad tuvo a su favor, como no podía ser de otra forma, los maltratos que siempre recibió de su víctima.
Cosa, eso sí, que no justifica su horrendo crimen.