Pero ¿cuál fue el motivo del crimen?
El odio. El homicida, al no conseguir lo que era su máxima apetencia, sufrió un derrumbamiento de su personalidad. Convirtió el amor que sentía por «Maritere» en un odio implacable que le llevó a quitarle la vida. Durante el juicio, la defensa estimó que la muerte pudo producirse de forma distinta al relato del fiscal, siendo en realidad un homicidio y no un asesinato. En el alegato final pidió la absolución del procesado por supuesta enajenación mental. El fiscal rechazó este supuesto afirmando que «el crimen del loco es un crimen sin motivo y el cometido por «el Pedrines» lo tuvo en la viudedad de Teresa, en el asedio amoroso y en su oposición con respecto al presunto asesino». La Audiencia Territorial dictó sentencia a los tres días de la vista oral, calificando los hechos de homicidio y aplicando la atenuante incompleta de locura. El procesado recibió una condena de diez años de prisión mayor pagando así su extravío.