La última vez que le vieron
• La última vez que la mujer de la limpieza vio a Carlos vivo fue a las dos de la tarde, cuando terminó de trabajar en el establecimiento. La sirvienta era una mujer de unos 30 años, pequeña y morena, con una gran cicatriz en la frente. Se llamaba Sara Río. Sus ocupaciones eran de un par de horas por las que percibía 25 pesetas a la semana. Según la sirvienta, pese a lo exiguo del salario, seguía desempeñando su trabajo porque le inspiraba lástima aquel hombre viejo, solo y enfermo que, según ella, tenía un carácter agrio.