Entonces, ¿cómo se descubrió?
Fueron los remordimientos. Piedad solicitó la ayuda de Honorato, una vez que cometió el crimen, y la obtuvo. Fue quien compartió las tareas de deshacerse del cadáver con la caldera de la calefacción del colegio donde ambos trabajaban. A partir de entonces, desde que llevaron los dos sacos con los restos de Caraballo al fuego, Honorato no podía descansar. En cuanto tomaba unos vinos se confiaba a las personas que estaban más cerca. Les explicaba que pensaba irse a Francia, y en cuanto emprendiera el viaje, podían contar lo que les había dicho del crimen a la Guardia Civil.